La entrega

Crítica de Rodolfo Weisskirch - Loco x el Cine

Del otro lado de la barra

Un bar de Brooklyn es el principal escenario del primer film angloparlante del belga Michaël Roskam. En el prólogo, un narrador en off, cuenta al espectador de que manera funcionan estos “bar-entrega”, donde una vez por mes la mafia elige el sitio para hacer sus depósitos. “Cousin Marv” es el típico bar irlandés de la ciudad. Fanáticos del football se cruzan con pandilleros y mafiosos. Marv -última notable interpretación de James Gandolfini- atiende la barra con su primo, Bob, protagonista de la historia. El sitio, que en el pasado perteneció a Marv, ahora sirve de vidriera para negocios ilegales de una familia chechena.

Por su parte, Bob -Tom Hardy, demostrando una vez más, porque es uno de los mejores actores jóvenes contemporáneos- es un hombre honesto y sencillo. Aparentemente sentimental, solitario y tímido. Después de encontrar a un cachorro dentro de un tacho de basura, comienza una relación amistosa con Nadia -Noomi Rapace- una moza que solía ser cuidadora de animales. La llegada de un peligroso ex novio de Nadia -y dueño del cachorro- combinado a un plan de Marv para estafar a los dueños del bar, provocarán una imprevisible inestabilidad emocional en la rutinaria vida de Bob.

Dennis Lehane -autor cotizado de Río Místico, Desapareció una noche y La isla siniestra- adapta su propio cuento “Animal Rescue” estableciendo un microuniverso no demasiado alejado del contexto de los films de Martin Scorsese. La primer escena, de hecho, tiene una clara influencia e impronta scorsiana, inspirada en Calles salvajes, Buenos muchachos o Los infiltrados.

Las calles de Brooklyn se convierten en protagonistas, el comportamiento, modismos y vocabulario de los personajes son propios de un micromundo que parece creado únicamente para esta película o las historias de Lehane –especialmente las primeras- y a la vez estamos viendo un típico film noir, donde el antihéroe es un hombre de otros tiempos, religioso y moralista, similar al personaje de Harvey Keitel en Calles… un personaje que no parece venir de ese mundo gangsteril, pero que se lo devora.

Si bien el film de Roskman tiene un comienzo prometedor, con un tono seco y despojado de pretensiones, pronto el ritmo comienza a caer en un registro monocorde y redundante. La acción avanza lentamente y el suspenso empieza a tener rasgos previsibles. Lo que verdaderamente lleva adelante el relato son las interpretaciones y la austeridad de sus protagonistas.

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Mientras que la presencia de Gandolfini empieza a disminuir -teniendo en cuenta que fue su último film, habría sido más disfrutable verlo en un personaje que lograra levantar más vuelo durante el desarrollo del mismo- comienza a tener más participación Matthias Schoenaerts, actor belga con una progresiva carrera. El duelo que se genera entre Schoenaerts y Hardy es lo que realmente permite mantener la tensión del público.

Hardy es un todoterreno. Su aparente tranquilidad recuerda a la misma del protagonista de Una historia violenta, de David Cronemberg. Ambos personajes, detrás de una capa de humildad, esconden un pasado oscuro, que sale a la luz en el momento más oportuno y a la vez impredecible.

La entrega es un relato interesante, pero que no logra manterse alejado de ciertas convenciones, mientras que tampoco consigue incrementar un nivel de tensión dramática para lograr sorprender lo suficiente al espectador. Sin golpes bajos o de efecto, tiene una estética meramente transparente, correcta y al servicio del guión. Son las actuaciones, sin uda, lo que hacen la diferencia: Hardy, Schoenaerts, Rapace, y por supuesto, el querido y recordado James Gandolfini, al que ningún personaje le quedaba grande.