La chica nueva

Crítica de Ricardo Ottone - Subjetiva

Jimena (Mora Arenillas) está en una situación desesperada a sus 20 y tantos. Después de la muerte de su madre, no tiene dinero, no tiene lugar donde vivir, duerme donde puede y sobrevive gracias a pequeños hurtos, objetos robados que vende por lo que le den. Como última salida ante una situación insostenible viaja (colada, ya que no tiene para pagar un pasaje) hacia Río Grande, Tierra del Fuego, a ver a su medio hermano Mariano (Rafael Federman) con la esperanza de empezar de nuevo en otro lugar. Allí consigue empleo en la fábrica de ensamble tecnológico donde también trabaja Mariano y, si bien empieza a hacer algunas amistades entre sus compañeras de trabajo y a reconstruirse un poco, también se enfrenta con el rostro feo de la explotación.

Recién llegada es puesta en la línea de montaje, probando la calidad de los celulares. El clima frío y hostil de la zona se acompaña bien con el ambiente ascético y mecanizado de la planta. A esto se suma el panorama conocido del sistema de la explotación capitalista: la exigencia de mayor productividad por el mismo sueldo, el riesgo por la permanencia de los puestos de trabajo, la intransigencia de la patronal, la bronca y los miedos de los trabajadores. El conflicto se agudiza y en algún momento estalla, y en esta situación, Jimena tiene que optar.

El primer largometraje de Micaela Gonzalo es una combinación de coming of age con comentario social, una mixtura que se despliega de manera natural en la medida que su protagonista empieza a reconocerse y retomar su identidad al mismo tiempo que va descubriendo que los lazos sociales y solidarios son fundamentales para su propia construcción.

En ese panorama las opciones que a Jimena se le presentan son dos claramente diferenciadas: La salida individual, el salvarse solo, representada por su hermano Mariano que consigue y vende mercadería electrónica a pedido, alguna que trae de Chile, otra que saca de la fábrica, y está esperando la oferta de retiro voluntario para ponerse su propia importadora. La otra es la salida colectiva, la que llevan a cabo varios de sus compañeros, llamando a la unidad y a la lucha a través de medidas de fuerza contra el abuso de la empresa.

Las respuestas no son fáciles. Y ciertamente no para Jimena, quien viene de una situación muy precaria, que no hacía tanto vivía día a día y luchaba apenas por la supervivencia. En esa disyuntiva hay un evidente tironeo. Su hermano que pretende que colabore con él en sus negocios, incluso los no muy legales, y que además la pretende persuadir con la posibilidad de que con el dinero obtenido ella se ponga una peluquería, que sería lo más parecido que tiene a una vocación. Por otro lado, Jimena hace nuevos lazos en la fábrica y empieza a insertarse en una red solidaria, que la hace ver que otra salida, aún difícil, es posible.

En esta encrucijada el film de Micaela Gonzalo toma una postura política clara. La realizadora no la disimula pero tampoco convierte a su película en un panfleto. Esto lo logra en cierta medida porque los discursos políticos más abiertos, que los hay, están puestos en algunos de los trabajadores, mientras la protagonista va reaccionando a estos de manera más intuitiva. Gonzalo opta más bien por una reacción empática con los personajes, inclusive por aquellos cuya postura no comparte, sin juzgarlos con severidad, sino mostrarlos como víctimas de un sistema que no solo los explota sino también los enfrenta.

Hay algo en La chica nueva que remite al cine de Laurent Cantet o al de los hermanos Dardenne. Eso está presente temáticamente, tanto por el lugar que da a al trabajo en la organización de la subjetividad y la disposición a poner a sus personajes ante disyuntivas éticas. Pero también hay algo en su puesta en escena, sobria, dinámica, urgente. Jimena construye, o reconstruye su identidad en la medida en que decide. La realizadora también decide y toma una posición. El canto que se deja escuchar cada vez más insistente en la última escena da cuenta de ello.

LA CHICA NUEVA
La chica nueva. Argentina. 2021
Dirección: Micaela Gonzalo. Elenco: Mora Arenillas, Rafael Federman, Jimena Anganuzzi, Luciano Cazaux, Laila Maltz. Guión: Micaela Gonzalo, Lucía Tebaldi. Fotografía: Federico Lastra. Música: Fernando Bergami. Montaje: Valeria Racioppi. Sonido: Nahuel Palenque. Dirección de Arte: Mirella Hoijman. Producción: Eva Lauría. Producción Ejecutiva: Mariana Luconi, Valeria Bistagnino. Duración: 78 minutos.