Julieta

Crítica de Iván Steinhardt - El rincón del cinéfilo

Almodóvar, un creador que inventa y se reinventa a sí mismo

Pensar que cuando seamos viejos les podremos contar a los nietos que uno fue contemporáneo de Pedro Almodóvar. Que uno vio toda su filmografía en el cine en tiempos de su estreno. Si el melodrama en el séptimo arte tiene un bastión del cual sostenerse, éste está plasmado a la perfección como sub género por el gran director español. El hombre que inventa y se reinventa a sí mismo como cronista de su tiempo. Desde esos conflictivos mediados de los ’80. en los cuales la sociedad parecía acelerarse imbuida en la imposición de la cultura pop, a esta década de reciclaje, el responsable de varios de los mejores retratos de la histeria del hombre logra con “Julieta” una prefecta dosis de equilibrio que da paso a un análisis aún mucho más profundo.
Sería injusto para el espectador hacer una sinopsis del argumento de éste estreno, pues no habría forma decir que no atente contra la sorpresa. No de la historia a descubrir, sino de la enorme posibilidad de decodificarla a partir de la forma.
Sí podemos decir que una vez más la relación madre-hija está presente (a partir de entender el pasado) y que, en todo caso, agregar otro eslabón a la gigantesca cadena de personajes que conforman el universo almodovariano. Parece ilógico relacionar “Pepi, Lucy, Bom y otras chicas del montón”(1980), con “Tacones lejanos” (1991) y “Los amantes pasajeros” (2013), y sin embargo esos abismos existentes entre unas y otras, pertenecen lujosamente a una manera de hacer y decir cine que sólo unos pocos privilegiados han creado a lo largo de los años. ¿Y por qué citamos su primer título? Habrá que descubrirlo en la franja de años en las cuales se desarrolla la historia como guiño fenomenal que hasta se da el lujo magistral de anclar un ratito en “¡Atame!” (1991), como para trazar boyas temporales.
El guión aborda nuevamente temáticas como la carencia de afecto, el dolor frente a las ausencias, y el oscuro transitar de “lo no dicho”, como eje central del distanciamiento afectivo. Él (visto desde lejos) es como un flipper cuya bola va rebotando contra las elpisis y contra elipsis que se ejecutan mágicamente, entregando cada una la dosis justa de información para que el espectador vaya armando su propio espejo.
El rubro inherente a guión las actuaciones tiene uno de los puntos mas altos de la historia del director. Pocos pueden tener a dos actrices de formación y registros distintos como Emma Suarez y Adriana Ugarte, componiendo a un mismo personaje, y a la vez amalgamadas por una dirección que las acerque tanto.
“Julieta” es, además, una muestra concreta de sublime dirección de arte (¡el manejo de los colores!!!), pulsión dramática y un montaje exquisito sin el cual, claramente sería un producto menor.
Pedro Alomdóvar estuvo, y está, a la vanguardia. Marca tendencia como realizador, pero sin perder la oportunidad de mostrarle a la sociedad las miserias del comportamiento humano yuxtaponiendo la imagen por sobre los conceptos. Puede ser tan oscuro como tierno y en esa búsqueda de equilibrio encontramos la fragilidad emocional del ser humano, la comprensión de lo enfermizo en las relaciones familiares y un cine sincero, honesto y sublime.