Julieta

Crítica de Daniel Castelo - Infonews

El realizador manchego resiste en su trinchera con un drama sin tregua.

El hijo más célebre del destape español necesitaba volver a contar una historia potente luego del paso en falso de Los amantes pasajeros.

Así es que, por tercera vez en su carrera (luego de Carne trémula y La piel que habito), Pedro Almodóvar apeló para su nuevo opus a textos que no son de su autoría y se animó a tomar tres cuentos de Alice Munro: Destino, Pronto y Silencio, todos del libro Escapada.

Julieta nos presenta a la atribulada protagonista del título a punto de abandonar Madrid junto a su pareja. Sin embargo, el reencuentro con una amiga de la infancia de su hija (homenaje a Bowie incluido) le abre una grieta que creía haber cerrado: la desaparición voluntaria de su primogénita, ocurrida años atrás.

Lo que llevó a Julieta a ese lugar en su historia personal es lo que cuenta el film a través de un relato que va de menor a mayor y que pone en pantalla las buenas armas de su narrador.

Durante los primeros minutos, la trama deambula por pasillos que sin destino aparente, como si Almodóvar hubiera elegido cierta confusión teñida de a ratos por colores brillantes, contrastantes con las sombras de su personaje central.

Pero, luego de una larga introducción, el guión se mete de lleno en la tragedia ascendente de una Julieta que vemos en su juventud en la piel de Adriana Ugarte y en la madurez hecha carne por Emma Suárez.

No hay desahogo para la ninfa parida por Munro/Alomodóvar y lo que en las primeras escenas puede sentirse como una mera acumulación de malos momentos, con el correr de los minutos adquiere forma de pequeña épica personal, ilustrada en esas tortas de cumpleaños que una madre en estado de desolación cocina en cada fecha clave para celebrar sin invitados ni cumpleañera.

Las flojas interpretaciones del tándem masculino Grandinetti-Grao no llegan a ecualizar de forma negativa al grupo de actrices que elevan el promedio general de la producción. En este rubro, medalla y beso para el logrado rol de Suárez y, sobre todo, para la siempre justa Rossy De Palma.

El derrotero de la anti-heroína es el lugar que mejor le queda a las mujeres de Almodóvar y Julieta lo conjuga con la entereza de un narrador todavía fértil. Porque don Pedro es el juguetón errático de Los amantes pasajeros o Kika pero también el realizador sin fisuras de Todo sobre mi madre o la hoy icónica Mujeres al borde de un ataque de nervios. En ese marco, este nuevo trabajo es un regreso al contador de historias que sabe donde pegar con elegancia y marca de autor.