Judy

Crítica de Santiago Balestra - Alta Peli

Una performance eficiente y con sentimiento

Judy Garland encarnó muchos papeles a lo largo de su carrera, pero para la mayoría siempre será la eterna Dorothy de El Mago de Oz, de Victor Fleming. Conmovió con su voz, con su inocencia y su encanto juvenil. No solo a su generación, sino a todas las que vinieron después. No sorprende que la travesía de lo que fue su último espectáculo, su último año de vida, tenga reminiscencias de la que es su obra más recordada.

Judy, más allá del arcoíris.

El punto de partida de Judy parece ser el de una narrativa clásica: un personaje que tiene un objetivo tangible, cuyo incumplimiento puede traer serias consecuencias.

En este caso, Judy Garland debe ir a Londres para cantar en un espectáculo cuyos ingresos le permitirán mantener a sus hijos pequeños. Ese es el gancho, lo que lanza el personaje a la aventura. Sin embargo, una vez que Garland pisa Londres la película deviene a una crónica hecha y derecha, una sucesión de eventos que muestran las aventuras de la actriz en la que fue su última performance.

No hay mucha curiosidad por lo que va a pasar, sino que abunda la materia prima melodramática para el mero lucimiento de la actriz protagonista a la hora de caracterizar: borracheras, discusiones maritales, discusiones profesionales, momentos tiernos con los niños y diagnósticos. No son errados pues claramente muestran conflicto, claramente muestran humanidad, pero no parecen construir una progresión dramática.

Hay una subtrama que muestra las vivencias de Garland mientras rodaba El Mago de Oz, y cómo el productor Louis B. Mayer se propasaba con ella. Es lo que provee un detalle importante que permite cerrar el arco narrativo de esta personificación de Judy. Un detalle de utilería que simboliza todo lo que sacrificó en pos de una carrera en el mundo del espectáculo, donde las exigencias físicas bordeaban en la tortura y las relaciones entre actores podían ser una puesta en escena tan o más elaborada que las películas en las que trabajaba.

En materia actoral, Renee Zellwegerentrega una performance eficiente y con mucho sentimiento, pero si tenemos que hablar de cuánto conmueve o no, en la opinión de esta crítica, dicha sensación se produce cuando canta “Over the Rainbow”.Por fuera de eso, no hay mucho que destaque o sorprenda. Está lejos (muy lejos) de ser una interpretación floja, pero tampoco está a la altura de los reconocimientos que, al momento de este escrito, la ponen como segura triunfadora en todas las quinielas del Oscar.

El diseño de producción tiene un notable uso de los colores: rojos furiosos, azules deprimidos, todos reflejando y mimetizándose con el ánimo de la protagonista. El lobby del hotel, al inicio del film, tiene reminiscencias del camino amarillo del Mago de Oz, como anticipándole al espectador que la travesía de Judy a Inglaterra no está muy lejos de la travesía que Dorothy hizo a Oz. Por otro lado, su asistente y admiradores tienen mucho del Hombre de Hojalata, el Espantapajaros y el León Cobarde que la acompañan en su viaje.