Jason Bourne

Crítica de Pablo Sebastián Pons - Proyector Fantasma

MR. ROBOT
Luego del fallido paso de Jeremy Renner, como el agente Aaron Cross, y Tony Gilroy, como director y guionista en El Legado Bourne (2012), vuelven aquellos artifices de lo que fue, siendo conservador, una de las mejores trilogías de accion y espionaje de las ultimas decadas. Matt Damon en la piel de Jason Bourne y Paul Greengrass como director entregan la cuarta parte (quinta de la franquicia) del agente amnesico que, ironicamente, no logra nunca escapar de su pasado.

Las tres primeras películas (con Doug Liman en Identidad Desconocida) habían evidentemente agotado las instancias argumentales que la llevaron al exito. Hacia El Ultimatum, este agente iconico descubría como habia llegado a ser quién es y las cosas que tuvo que sacrificar en el camino. De hecho, esa búsqueda incesante de la identidad era el motor dramático de una trilogia frenética, nerviosa e intensa en donde todo encajaba a la perfección, y hasta dejaba momentos memorables como la pelea en el baño de La Supremacía (The Bourne Supremacy, 2004) y la persecución en la autopista de El Ultimatum (The Bourne Ultimatum, 2008), precisamente planeadas y ejecutadas. Entonces, en Jason Bourne (2016) la esencia se generaliza y se hace abarcativa ya que aborda el terrorismo y la privacidad.

Y, es en este contexto de Wikileaks, Assanges y Snowdens que Jason Bourne vuelve a la acción. Nicky Parsons (Julia Stiles) hackea servidores de la CIA y roba archivos que contienen toda la informacion sobre las blackops (operaciones encubiertas) de las que es producto Bourne, como Treadstone y Blackbiar, entre otras. Inmediatamente lo contacta para poder poner esta informacion a disposicion del publico y exponer los secretos de la agencia, de la cual Robert Dewey (Tommy Lee Jones) está como director y Heather Lee (Alicia Vikander) como analista informatica. Este el puntapié de una intriga que tambien implicará redes sociales y gurus tecnologicos para el trafico de informacion personal.

Luego de Capitan Phillips (2013), Greengrass sigue con la faceta protestante que habia insinuado en La Supremacia y El Ultimatum. Como en La Ciudad de las Tormentas (Green Zone, 2010), aquí los paralelismos son evidentes y la denuncia es clara y concisa: los medios masivos de comunicacion y las instituciones roban informacion privada. En vez de Facebook o Twitter hay una red social llamada, ironicamente (o no), Sueño Profundo, en lugar de un Snowden o un Assange hay un Parsons, y en vez de un John Brennan (actual director de la CIA), hay un Dewey. En el trayecto, Bourne comienza a descubrir mas cosas de su pasado, y es ahi donde la pelicula disuelve su argumento en un nuevo giro a la mitologia Bourne, que por innecesario, le hace perder ese verosimil que sus predecesoras contenían.

A pesar de ciertos recursos, torpezas argumentativas y una cierta perdida de nervio y proximidad fisica al no usar su usual camara en mano, Greengrass entrega su usual pulso y pericia para una acción que sigue sin dar respiro. El director inglés le dió forma a una trilogía que en su conjunto resultaba empatica e intensa, entonces la pregunta más importante no pasa por la calidad de esta Jason Bourne, sino si era o no necesaria.