Invictus

Crítica de Pablo Martinez - Qué se puede hacer...

Rumbo a Sudáfrica con Madiba

Nelson Mandela fue un ejemplo para el mundo. Un hombre que luego de 28 años en prisión aprendió a perdonar a los que lo encerraron, para luego, con la capacitación que tuvo tras las rejas, emprender un camino de redención para el pueblo de color y así guiar a su país hacia una vida de respeto mutuo que hoy en día se siente como eco de su obra y enseñanza. Para muchos, un Mesías; para otros, un tipo con mucho de lo que hay que tener para llevar las riendas de un país; para otros tantos, el negro que acabó con el apartheid.

De cualquier manera, y de la impecable mano de (reverencias) Clint Eastwood (más reverencias), Invictus retrata el período presidencial de aquel personaje tan característico y significativo para el pueblo africano. El guión basado en la novela de John Carlin se centra en la campaña de difusión para apoyar a los Springboks que permitió a Mandela unir a blancos y negros por una misma causa. Quizás lo que más ayuda en el film para exteriorizar esta idea, y no hacerlo algo masivo y enclenque (como lo harían otros directores, seguramente) es el grupo de guardias de seguridad.

El reparto es un punto fuerte de esta película, con Morgan Freeman metiéndose en el papel de una forma excepcional, y Matt Damon transformándose como siempre para encarnar al capitán de la selección, Francois Pienaar.
La fotografía es bellísima, y retrata los rincones sudafricanos sin caer en la postal turística. Y eso se ve reflejado en la escena de las clínicas de rugby en las villas miseria.

No obstante, el film acaba desilusionando por ser un retrato tan vivido de lo que sucedió. Muchos pueden pensar que su punto fuerte es la fidelidad del relato para con la vida real, pero no. Eastwood cae en simplismos y melancolía barata para enaltecer la figura ya muy alta de Mandela, que no precisa de más laureles para que sepamos cuán grande e importante fue para la humanidad, por lo menos desde el plano político. Ni que hablar de la escena de la final de la Copa del Mundo: un bodrio total. El recurso de la cámara lenta fue mal usado por la persona menos pensada, y eso es algo que no hace más que desilusionar con creces.

Por ser de Eastwood (reverencias), y estar actuado por un Freeman descomunal y un Damon que se mantiene en la línea de lo que nos acostumbra, en ese compromiso por los papeles, tanto para la transformación corporal como en la construcción actoral, la cinta sabe a poco. Sin embargo, se pasa el rato, a pesar de que se conozca toda la historia desde un comienzo e incluso el metraje abuse de la paciencia y el tiempo del espectador.