Invasión

Crítica de Jorge Luis Fernández - Revista Veintitrés

Guardado en la memoria

Hay documentales clásicos, herederos de un criterio cinematográfico (como los del gran Frederick Wiseman); los televisivos, de corte History Channel, docudramas, y los de gente que adora a los Monty Python y no ignora a la inmensa The Act of Killing. En este documental, que recrea la invasión de Estados Unidos a Panamá y el derrocamiento del gobierno de Noriega (y huelga decir, pertenece al tercer grupo), el director Abner Benaim recorre las calles del barrio El Chorrillo como buscando locaciones, convence a transeúntes y homeless para representar a saqueadores que cargan una heladera, cuerpos en una camioneta, muertos en la calle y, cuando todo ha pasado, compagina las imágenes parodiando un documental ad hoc.

A esta altura, el método puede parecer trillado, pero partiendo de un tema político Benaim trabaja en los bordes de la memoria. El tema de Invasión, entonces, deviene en el día después: recuperar el nombre de tantas muertes anónimas, el sentido de la injusticia y la atrocidad, las opiniones enfrentadas. Tangencial, como todo, pero no azarosa, es la referencia a nuestro país. La leyenda del boxeo Martillo Roldán estaba en el club Las Malvinas cuando empezó la invasión; salió con un rifle, borracho, y al día siguiente se encontró atado por sus hijos a una cama. Un simpático funcionario del nuncio apostólico recuerda que un mensaje de Juan Pablo II en Buenos Aires lo acercó al catolicismo. A resguardo en la sede vaticana, Noriega miraba un concurso televisado de patinaje en el Rockefeller Center cuando el muchacho le señaló la incongruencia de ambos mundos. “Somos moléculas”, le respondió el depuesto mandatario y el muchacho lo anotó en un papel. Esa bizarra ocurrencia que le llamó la atención hoy recorre el mundo.