Interestelar

Crítica de Lucas Rodriguez - Cinescondite

Interstellar es una película enorme y muy abarcativa, pero que lamentablemente será más polarizante aún que Inception, el anterior film original de Christopher Nolan. Si pensaban que por momentos aquella era difícil de seguir por su enrevesada narrativa, prueben suerte con los tratados cuánticos y relativos que propone la gargantuesca odisea espacial de Nolan, que expone las mejores y peores cualidades de un director único en Hollywood.

Así como los personajes dentro del film, como espectador hay que hacer un sacrificio, un pacto para con Interstellar: ya que las nociones de los viajes espaciales, agujeros negros y diversas dimensiones son muy densas, el guión de Jonathan Nolan intenta simplificar mucho y el resultado es un viaje intergaláctico que asombra al mismo tiempo que abruma. Lo que alguna vez fue un vehículo directorial para Steven Spielberg -hay grandes rasgos de sus historias presentes aquí- es una mezcla y homenaje a Stanley Kubrick y al cine de Terrence Malick, pasando por viajes más convencionales y cercanos como Sunshine de Danny Boyle o Contacto de Robert Zemeckis, y todo lo que se les ocurra que sea pertinente al tema. Por eso, es ideal tener la mente muy abierta y sobrevivir a algunos diálogos demasiado expositorios y nociones técnicas que confunden.

Una vez que la trama se ponga en marcha tras un primer acto que presenta la angustiante vida en la Tierra, la mente de Nolan tiene carta blanca para presentar una maravillosa y a la vez escalofriante inmersión hacia el espacio exterior, más allá de todo lo conocido por el ser humano. A diferencia de pinceladas más coloridas y agradables del espacio como suelen aparecer en series de ciencia ficción estilo Star Trek, la aproximación realista pura y dura del director en Interstellar está plasmada con fiereza. Estos planetas desconocidos son territorios completamente hostiles, que podrían o no permitir la perpetuidad de la especie humana. Por eso, cuando Nolan está en el espacio es cuando su capacidad como narrador transciende toda línea, y sus personajes se cuestionan todo lo conocido, mientras se enfrentan a sus peores miedos y esperanzas. Si nos remitimos a los efectos prácticos y especiales, la novena película de Nolan es una proeza técnica que seguro estará nominada a los próximos premios de la Academia. Visualmente, es el film más enorme en lo que va del año, acompañado con un equipo técnico de lujo calibrado hasta el más mínimo detalle -mucha atención al detalle en el espacio- y una banda sonora del siempre dramático Hans Zimmer, que en un cine de buena calidad sonora -es requisito verla en una pantalla IMAX en lo posible- genera una amalgama con las imágenes en pantalla difíciles de superar.

Hay un gran trabajo de parte de Matthew McConaughey al crear un protagonista convincente tanto como ingeniero y piloto aeronáutico, como también actuando de granjero y padre angustiado por dejar a sus hijos atrás, a su suerte. Hay rasgos parecidos a su Rust Cohle de True Detective pero están bien medidos, y se apoyan en los secundarios de la creíble Anne Hathaway como la única mujer de la misión, y la presencia impoluta de un Michael Caine algo desaprovechado, pero que nunca sobra. Jessica Chastain es otra gran figura sumada que tiene un papel interesante pero que no termina de hacer mella, aún cuando las escenas dramáticas en las que se encuentra son pivotales a la trama.

Al hacer un viaje espacial tan arduo como azaroso, uno espera una respuesta contundente y calculada. Sin embargo, Interstellar llega a su clímax y lo que los viajeros encuentran es una verdad que se percibe demasiado sentimentalista en manos de un director algo frío como Nolan. La revelación del último acto es el salto final que debe afrontar el espectador para decir si valió la pena tanto esfuerzo. Es un concepto arriesgado, que tiene no pocas falencias, pero que se agradece que el director haya logrado llevar a cabo.