Intensa - Mente

Crítica de Héctor Hochman - El rincón del cinéfilo

Megamente

El director galardonado por la maravillosa “Up, una aventura de altura” (2009) nos entrega ahora una pequeña obra maestra, una genialidad hecha cine, una realización que tiene de todo para ser desgranado pieza por pieza, infinidad de lecturas y mucha emoción, valga el anticipo redundante.

Si bien uno puede no comulgar con la base científica que propone, la inteligencia emocional, la idea es dejarse llevar por el vendaval de imaginación, inteligencia, humor, candidez, y una gran observación de los mundos de Riley, una niña de once años. Uno es el real, el vivencial, el cotidiano, y de manera especular el mundo interno, de lo que podría llegar a ocurrir en el cerebro de la niña.

Con esto y otros elementos esta construido el filme. La memoria humana es el olvido, los humanos recordamos lo que podemos, no lo que queremos, algo de un orden que no se puede manejar de manera conciente lo articula, pero en la obra todo tiene su lugar, los recuerdos primarios y el establecimiento de “islas” tales como la amistad, la familia, la de la tontería, la de la honestidad, el inter juego es lo que ira formando al personalidad de nuestra heroína.

Asimismo se mete de lleno, no sólo con las emociones sino que es una implacable radiografía de lo que se supone es crecer, aunque la mayor parte de la cinta transcurre en ese mundo interno, circunscripto al cerebro, donde interactúan las emociones básicas.

Todavía en la actualidad hay discusión científica si las mismas son 6 ó 4, pero no tiene tanta importancia, de hecho aquí son 5, alegría, tristeza, desagrado, furia y miedo. Lo brillante de la idea es duplicar el esquema entre el cuerpo, demostrando sus actos, lo perceptible, y la mente, lo oculto, lo intangible, que se manifestara en lo corporal. Para constituir a los personajes las emociones reciben cada uno un cuerpo, un rostro, un color, y una voz, nada de este orden es librado al azar: furia es rojo, alegría azul, el miedo es enclenque, desgarbado, tristeza es voluptuosa, pesada.

Cada rostro denota un personaje según que represente, fuera la niña protagonista es un torbellino de acciones. Hay al mismo tiempo en la historia personal de la pequeña una doble excusa que hace avanzar lo que podría mal llamarse esta sub-trama, por un lado, sus padres por cuestiones laborales deciden mudarse de Minnesota a San Francisco, lo que hace suponer en principio el desarraigo, la perdida de todo aquello que ella ha construido a lo largo de su corta vida, los amigos, la escuela, el pertenecer a un grupo, en este caso un equipo de hockey, además de todos los espacios físicos de pertenencia por los que circulaba.

Por otro lado, la pérdida del cuerpo de la niñez, el paso de la pubertad a la adolescencia, la perdida de los padres de la infancia, el adolecer de un sentido de identidad que va cambiando continuamente, y en ese proceso de búsqueda enfrentar todos los duelos que se le presentan.

En el otro mundo, el interno, alegría va perdiendo la preponderancia, debe aceptar que la tristeza es necesaria y en esto también se presenta como una arriesgada jugada de los responsables de la narración. El juego infantil del texto, pasa cuando por un accidente, alegría y tristeza quedan fuera del cuartel general, ese lugar donde están los comandos del cerebro y deben deambular por todo el centro del sistema nervioso, ubicado en la cavidad craneal, con el sólo fin de volver al lugar que corresponden, lo que transforma al texto fílmico en un sinfín de acciones donde hasta hace su entrada el humor físico que tanto placer entrega.

Durante sus ausencias, a cargo de ese cuartel general quedan miedo, desagrado y furia. Sobre ese viaje de retorno trata lo que podría denominarse la trama principal, allí atravesaran los distintos espacios, el área del pensamiento abstracto donde podrán aprehender que nada es certero, ser figurativos, estar reconstruidos, o atravesar el “subconsciente” (así lo llaman en este filme), donde lo tenebroso, lo siniestro, deambulan placidamente o están dormidos.

El área de los sueños configurado como un gran set de filmación, ¿el cine dentro del cine? sabiendo de qué están formado los sueños, quien es el guionista de los mismos. Los mecanismos que se ponen en juego al observar una película, principalmente identificación, introspección, no están dejados de lado en esta secuencia maravillosamente bien resuelta.

De ritmo vertiginoso, dentro de una estructura sólida construida a partir de personajes perfectamente delineados, muy pensados, lo que determina más allá de la gama de lecturas es un guión casi perfecto, duplicidades incluidas. Un realización que parece producido para los niños, en que los padres se verán reflejados y disfrutaran, hasta me atrevo a decir que más que sus hijos.

(*) Una realización de Tom McGrath, de 2010.