Implosión

Crítica de Rodrigo Seijas - Funcinema

LA MEMORIA DEL DOLOR

La ganadora de la competencia de largometrajes argentina en la más reciente edición del BAFICI es un particular -y por momentos estremecedor- ejercicio por parte del realizador. Uno donde la realidad y la ficción se entremezclan de formas inesperadas, con la materialidad de los recuerdos como un factor que impulsa las acciones de manera heterogénea y movilizadora.

En Implosión tenemos a Pablo y Rodrigo, dos sobrevivientes reales de la masacre escolar en Carmen de Patagones, ocurrida en el 2004 y que fue la primera de su clase en la Argentina. Ya en los treinta, pero con ese evento traumático de sus adolescencias aún presente, deciden emprender un viaje en busca del que fue su victimario, sin tener en claro un objetivo específico, solo con la certeza del deseo. Esa especie de odisea en la que se embarcan los conducirá hasta la zona de Ensenada, cruzándose en el camino con dos chicas que, desde su acompañamiento, pero también curiosidad, los obligarán a hacerse cargo -como pueden- de ese pasado que les dejó una huella imborrable. El viaje entonces será de intriga, casi enlazado con el policial de intriga, pero también de puesta en forma de los recuerdos.

El gran mérito de Javier Van de Couter es jugar con los límites entre lo real y ficcional sin caer en sensacionalismos o conclusiones fáciles, apostando a un seguimiento constante del devenir de los protagonistas, a los que nunca abandona ni juzga. Y a la vez, con una capacidad llamativa para delinear un tejido social que ronda sombríamente cada acción de los personajes, mientras no deja de apelar a fibras íntimas que conectan con las experiencias de pérdida o dolor que todos cargamos. No hemos vivido lo que les pasó a los protagonistas de Implosión, pero aun así los entendemos, no desde la distancia, sino desde esa empatía que incluye la memoria fragmentada del evento traumático, en cómo elegimos recordar u olvidar consciente e inconscientemente.

Con una escena confesional notable desde su concepción y un final tan abierto como cerrado -y perfectamente ajustado de acuerdo a lo que necesitaba la narración-, se puede ver un diálogo entre Implosión y otro también muy reciente, el documental Esquirlas, que abordaba los eventos alrededor de la explosión de la fábrica militar de Río Tercero. Entre ambos forman un involuntario -pero estupendo- díptico del cine nacional sobre la memoria de los traumas y las formas que adoptan.

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