Hombres de piel dura

Crítica de Gaspar Zimerman - Clarín

Con un grupo de fieles seguidores atentos a sus estrenos pero siempre lejos de las luces del centro, José Celestino Campusano es, en silencio, uno de los cineastas argentinos más prolíficos. Su“cine bruto”, protagonizado por actores desconocidos o no actores, suele mostrar a personajes marginales en historias crudas, jamás suavizadas para favorecer la digestión del espectador. Una constante que se repite en Hombres de piel dura, donde el despertar sexual de un adolescente se entrelaza con los devaneos morales de un cura pedófilo.

Lejos del Gran Buenos Aires donde transcurre la mayoría de sus películas, aquí todo sucede en el campo. Al verse rechazado por el cura católico que lo inició, el hijo de un patrón de estancia (interpretado por Wall Javier, popular en redes sociales y la escena del trap como la drag queen La Queen) se lanza a la exploración de su sexualidad con diversos hombres de la zona. Mientras tanto, el cura lucha contra sus deseos venéreos.

La doble moral está a la orden del día. Tanto el padre del protagonista como sus peones y la mayoría de la comunidad rechazan la homosexualidad, pero hombres con mujer e hijos la practican a escondidas. Por su parte, las autoridades eclesiásticas no castigan sino que encubren la pedofilia (en beneficio de la película, el propio Campusano humaniza al cura y también se cuida de condenarlo).

El estilo naturalista de la narración -aun en las escenas de sexo, que hacen caso omiso de los tabúes- tropieza con un obstáculo insalvable: las actuaciones. La poca experiencia de la mayor parte del elenco queda evidenciada en parlamentos dichos de memoria, de manera casi escolar, sin ningún tipo de entonación. Así, este drama rural pierde peso y credibilidad, y termina siendo una maqueta de lo que podría haber sido.