Hogar

Crítica de Marcelo Cafferata - Lúdico y memorioso

Luego de dos largometrajes documentales, Maura Delpero hace su debut en el terreno de la ficción con “Hogar”, película que la encuentra no solamente detrás de la cámara sino también en la firma del guion.

Filmada en un convento religioso de Rafael Calzada, la historia se desarrolla enteramente puertas adentro de una institución religiosa en donde se brinda refugio y ayuda a madres adolescentes, que, junto con sus hijos, no tienen un lugar para vivir y se detiene particularmente en el vínculo de dos compañeras de cuarto, Luciana y Fátima.

Lo que en apariencia es una historia simple de amistad y convivencia, en manos del guion de Delpero, empieza a operar en diferentes capas narrativas, develando ciertas temáticas mucho más profundas que se van desplegando a medida que avanza la trama.

El “ Hogar ” del título opera como refugio, como contención para algunas de estas jóvenes, mientras que otras se sienten atrapadas como si el hogar operase como una cárcel de la que cuentan los días para poder salir.

Algunas de ellas aceptarán las reglas de juego que imponen las monjas, con su mirada estricta y su anacronismo, mientras que para otras, todo lo que se impone representará el propio desafío para revelarse contra el sistema.

Estos dos puntos de vista tan dicotómicos se muestran justamente en una tensión permanente que funciona para que Delpero pueda mostrar a través de ellos, estas dos miradas opuestas sobre una misma vivencia.

Mientras que Fátima espera su segundo hijo y el hecho de acatar las reglas la hace sentir parte de este espacio y le da la seguridad y el cobijo que ella necesita, Luciana será la que esté en un enfrentamiento permanente, en su puja entre la necesidad de contar con un lugar donde vivir pero al mismo tiempo, tener que ajustarse a un sistema del que se rebela en forma permanente: ella quiere salir y encontrarse con su novio, tiene ganas de disfrutar de su libertad, de escapar.

Un elemento más comienza a tensionar el vínculo entre las dos amigas: es la llegada de Sor Paola (Lydia Liberman) que luego de asentarse en el convento, tendrá una relación muy particular con Nina, la hija de Luciana.

De esta forma y muy lentamente, Delpero profundiza en forma serena pero asertiva, sobre la temática de la maternidad fuera de toda idealización y planteando el ejercicio de este rol, aún con las limitaciones que se pueden presentarse en cada una de las situaciones.

Ciertas líneas secundarias del relato permitirán asimismo instalar sin ningún tipo de subrayados temas como la violencia de género, la soledad de las madres jóvenes/adolescentes con parejas completamente ausentes y familias sin posibilidades de darle la mínima contención y un Estado que parece no poder atender las necesidades que se terminan cubriendo en otros ámbitos que pueden no ser los ideales para que estas mujeres puedan comenzar a trazar nuevos andamiajes para una vida diferente.

Atravesando el relato en forma diagonal, aparecerá la religiosidad, la culpa, el perdón, la obstrucción del deseo –que aparece en diversas capas del relato y en formas diferentes-, el encierro versus la libertad.

“ Hogar ” tiene la particularidad de poder leerse entre líneas, de descubrir pequeños relatos dentro de una historia que los cobija armónicamente y cada espectador podrá decidir cuál de las historias tiene más preponderancia en su mirada.

Como por ejemplo una escena en una fiesta que arman las propias jóvenes como posibilidad de diversión entre ellas, plantea cómo dentro de un hogar/refugio sienten la necesidad de organizar un espacio de “escape” para paliar esa sensación de encierro en el mismo lugar que paradojalmente les da refugio.

Mientras que buscando esa bocanada de aire y de libertad, Luciana escapa dejando a su hija sola en el convento, será Sor Paola quien contenga a la pequeña Nina (Isabelle Cilia, simpática y espontánea) generándose una pulsión maternal que sorprenderá a la propia monja y será un punto de quiebre entre sus preceptos y el instinto que irrumpe aún en ese ambiente sofocante, en donde se percibe la dificultad de respirar de los personajes.

Además de un cuidado trabajo en el diseño de arte y la fotografía, Delpero logra excelentes resultados en el manejo de su equipo actoral: a las consagradas Marta Lubos y Livia Fernán (como la Madre Superiora y Sor Pia) se suman Denise Carrizo como Fátima y Agustina Malale como Luciana, en dos trabajos donde con un registro natural y verosímil, logran transmitir intensamente la emocionalidad de sus personajes.

Lidiya Liberman (a quien vimos en “Sangre de mi Sangre” de Marco Bellocchio) como Sor Paola, expresa desde su rostro y su gestualidad contenida, un verdadero universo de sensaciones que transmite desde un gesto o en una mirada.

Dentro de la rígida estructura en ese espacio que oficia de hogar y que se transforma en jaula al mismo tiempo, aparecerá, de alguna forma, ese aire de libertad, esa sensación de plenitud, ese desafío al cambio que representa, algo tan mínimo pero tan emblemático como una toca que deje entrever esa audacia que significa un cabellera sin ataduras.

POR QUÉ SÍ:

«Tiene la particularidad de poder leerse entre líneas, de descubrir pequeños relatos dentro de una historia que los cobija armónicamente y cada espectador podrá decidir cuál de las historias tiene más preponderancia en su mirada»