Hanna

Crítica de Alberto Harari - MI CINE - por halbert

LA FEMME NIKITA

En lo más lejanos parajes nevados de Finlandia, Hanna (Saoirse Ronan) es una adolescente criada por su padre (Eric Bana), un ex-agente de la CIA, en las más rústicas condiciones. La joven se encarga de cazar renos para alimentar a ambos, y tiene la potencia, el aguante y el instinto tan agudos como los de un guerrero a prueba de todo. Su educación y entrenamiento han sido generados para hacer de ella una asesina perfecta (cualquier similitud con “Nikita” es pura coincidencia).
Cuando llega el momento de encarnar una misión, es enviada por su padre a la civilización, donde Hanna viaja oculta por África del Norte y Europa, mientras intenta esquivar a agentes clandestinos que están bajo las órdenes de Marissa (Cate Blanchett), una cruel espía que conoce el origen de la joven. A medida que se enfrenta con sus nuevos enemigos, encabezados por un patético rubio vestido de blanco, que silba una cancioncita mientras se prepara para la masacre (cualquier similitud con “La naranja mecánica” es pura coincidencia), Hanna irá develando alarmantes secretos acerca de su propia existencia.
El director Joe Wright (quien ya había dirigido a la niña en la gran “Expiación, deseo y pecado”) gradúa bien la información dada al espectador para mantener el misterio e intriga de la trama, alternando persecuciones al ritmo de una excelente música electrónica de The Chemical Brothers (en su debut cinematográfico componiendo música para filmes) y de un montaje dinámico.
El gran secreto sobre la naturaleza de Hanna no resulta de lo más interesante ni determinante, como para justificar semejantes corridas y matanzas a diestra y siniestra, por lo que, en parte, se desvanece prácticamente la importancia de todo su desarrollo. Eso no quita que el filme resulte entretenido de ver, no sólo con las grandilocuentes escenas de acción, sino con los intentos de Hanna por adaptarse al mundo civilizado, con la ayuda de una familia tipo que anda de vacaciones en una casa rodante.
Saoirse Ronan le da al filme la fuerza necesaria para que no sucumba, gracias a sus excelentes dotes actorales y la enorme preparación física para este rol, pero la frialdad de su personaje y de los otros secundarios, enfría la película, por lo que hay poquísimo espacio para la emotividad y la identificación, y se diluye la reflexión sobre la identidad personal, la falta de cariño de una madre, la búsqueda de un padre y la ausencia de una vida normal para una niña condenada a una existencia difrerente.