Halloween

Crítica de Diego Batlle - La Nación

Hace 40 años, John Carpenter estrenaba una película hecha con mínimos recursos (costó 325.000 dólares), pero que se convirtió en un clásico del subgénero slasher con un asesino serial llamado Michael Myers que se escapaba de un neuropsiquiátrico y -usando una máscara blanca- aterrorizaba a un pueblo con un baño de sangre durante la noche de Halloween. Luego llegaron las inevitables secuelas y hasta el reboot a cargo de Rob Zombie.

La saga ya sumaba diez películas (varias de ellas bastante confusas en su continuación de la historia) y esta undécima entrega es la que más directamente conecta con la original a partir de la construcción de un crescendo dramático hasta llegar al duelo final entre el Myers de Nick Castle y la Laurie Strode de Jamie Lee Curtis (la baby sitter de 1978 hoy convertida en... abuela).

David Gordon Green realiza con absoluta eficacia el doble juego de respetar (venerar) y al mismo tiempo modernizar el clásico de Carpenter con una sabia generación del suspenso seguida de una explosión de violencia sádica. El director de Más fuerte que el destino no se aparta demasiado de las fórmulas del género y tampoco profundiza en ningún personaje, pero el resultado artístico es más que satisfactorio y el comercial tan rentable que en su apertura el film ha batido no solo todos los récords de la franquicia sino también unos cuantos dentro de la fecunda historia del género.