Frozen 2

Crítica de Marcelo Cafferata - Lúdico y memorioso

Lejos, muy lejos quedaron aquellas princesas clásicas como Blancanieves, la Bella Durmiente o la Cenicienta, en donde el príncipe azul era la pieza fundamental para rescatarlas del sueño eterno, de los hechizos o de una vida miserable limpiando sin parar y a merced del maltrato familiar.

Mucho más cerca en el tiempo, desde “La Sirenita” –rebelde con la figura de su padre- y “La Bella y la Bestia”, aparecen nuevos modelos en donde la propia libertad, seguir al corazón y dejar de depender del príncipe que las salve de sus desgracias, parece ser el verdadero impulso vital.

Son princesas de fuertes decisiones, de “armas tomar”, que enfrentan el mundo con una mirada diferente -lo que hoy llamaríamos empoderada-, con un giro radical en su construcción, casi opuesta a la de las princesas clásicas. Desde las guerrera Pocahontas, la intrépida Mulan y Mérida, la princesa del estudio Pixar protagonista de “Valiente” –que justamente hace honor al título-, el temperamento de estas nuevas heroínas Disney, cambia por completo el viejo paradigma para construir junto con la Rapunzel de “Enredados” o la misma adolescente de Moana, todo un nuevo imperio alejado de cualquier estereotipo.

“FROZEN 2” desde este punto de partida, es un paso atrás en el tiempo. Mientras las mujeres van ganando poder y privilegio en la pantalla, Elsa y Anna, parecen volver a ajustarse a un esquema más convencional donde la orfandad, el hechizo y el príncipe valiente, vuelven a ser el eje de la propuesta.

Pero estas princesas tan lejanas de los nuevos vientos de cambio, no serían justamente el problema que presenta la continuación de la exitosísima producción de Disney de 2013. Hay detrás de la historia un guion que no termina de definir el rumbo y que toma las peores decisiones vistas en una película de animación en mucho tiempo.

Primeramente “FROZEN 2” no intenta esconder ni por un minuto, la inmediata posibilidad que tiene el estudio de montar una nueva obra musical en pleno Broadway. Prácticamente su primera media hora no tiene mucho más que larguísimas canciones donde más que narrar los acontecimientos o avanzar en la trama, se estancan en pensamientos y reflexiones que los personajes hacen sobre la situación por la que están atravesando –que por momentos nos recuerdan a la soporífera “Into the Woods” de Rob Marshall-, mostrando muchas imprecisiones y escasas concreciones dentro del planteo inicial.

Todos los personajes tienen su momento de lucimiento musical y aun cuando demoran notablemente el ritmo de la película, cada uno tendrá su canción: lejos del impacto de la “Let It Go” de la primera entrega, acá Elsa (Idina Menzel y su voz privilegiada) entonará “Show Yourself” con un cúmulo de frases de autoayuda compiladas en una sola canción y tiene a su cargo el hit de esta edición “Into the Unknown” cuya versión latina está, inexplicablemente, a cargo de la voz masculina de David Bisbal.

Por su parte Kristoff también tendrá su solo musical en “Lost in the Woods” una canción que no parece llegar a ninguna parte pero que al menos propone un tono cómplice, divertido y un ritmo ochentoso al mejor estilo de una canción de los Air Supply, para descontracturar un poco la solemnidad y la ausencia de humor que parece haber invadido esta secuela.

Luego de una extensísima demora en la presentación de los personajes, la historia navega a dos aguas entre el mensaje ecológico presentado con los cuatro elementos de la naturaleza y fundamentalmente un relato vinculado con los ancestros, los antepasados y los secretos que quedaron escondidos dentro de la historia familiar, más particularmente se develará algo desconocido en torno a la figura de su abuelo. Así, si bien Elsa es la reina de Arandelle, juntas descubrirán que en su pasado hay una clara vinculación con la tribu Northuldra y de esta forma, comenzará la aventura para reestablecer ese necesario orden social, si es que pudiese llamárselo de esta manera.

Lamentablemente la historia no tiene humor (excepto en algunas situaciones donde Kristoff intenta pedirle matrimonio a Anna, una y otra vez, sin lograr encontrar el momento propicio, gag que se repite al infinito y más allá) ni despliega demasiada creatividad, ya que recorre todos los lugares comunes y, lo que es peor aún, intenta aleccionar con sus diálogos tanto en el terreno de lo ancestral y de los vínculos familiares (que parecen salidos de un manual de Constelaciones Familiares), como del cuidado del medio ambiente, la violencia del hombre contra la naturaleza y el mensaje políticamente correcto en torno a la ecología.

Las escenas de aventuras recae sobre todo en el personaje de Anna y la imposibilidad que tiene el guion de explicar sucesos injustificables, se resuelven por medio de los poderes o de la “magia” como si eso ayudara a solucionar todo lo que el equipo de guionistas no pudo resolver productivamente en la historia, de ninguna otra manera.

“FROZEN 2” –así como en su momento pasó con “Cars 2”- es una de las secuelas más decepcionantes que seguramente servirá para seguir facturando diversos productos del merchandising que las princesas y el muñeco de nieve han sabido instalar, pero que los cinéfilos recordaremos como un gran traspié dentro de la búsqueda de productos de excelencia de la factoría Disney.

PORQUE NO:

«Es una de las secuelas más decepcionantes que seguramente servirá para seguir facturando diversos productos del merchandising que las princesas y el muñeco de nieve han sabido instalar»