Francotirador

Crítica de Diego Batlle - La Nación

Retrato de la adicción a la guerra

Francotirador es una película notable, sí, pero incómoda. Puede disfrutarse como un imponente film bélico (o, mejor, como una relectura moderna del western), aunque también está abierta a muy diversas lecturas. Si en los Estados Unidos, donde se convirtió en un éxito comercial de enormes e insospechadas proporciones, generó un tenso debate entre la derecha y los veteranos de guerra, por un lado, y los sectores más progresistas que la cuestionaron por, supuestamente, glorificar a un asesino y la llegaron a acusar de "propaganda nazi", fuera de su país es muy probable que varios también la descalifiquen irritados por cuestiones extracinematográficas.

Pero incluso cuando sea sometida a un impiadoso análisis ideológico, Francotirador resulta mucho más que una mera película patriótica (que lo es) para convertirse, en verdad, en una mirada desgarradora sobre la adicción a la guerra y sus consecuencias, tanto individuales como sociales. Una propuesta que se enmarca, también, en la tradición del cine clásico hollywoodense sobre la figura del héroe y en una filmografía como la de Clint Eastwood, que ha tenido desde siempre a la violencia y a la venganza dentro de un mundo que se derrumba como temas esenciales.

El film está basado en la autobiografía de 2012 escrita por Chris Kyle, el más letal francotirador de los Navy SEAL (principal fuerza de operaciones especiales de la armada de los Estados Unidos) que en cuatro incursiones en Irak mató al menos a 160 enemigos (algunas fuentes aseguran que fueron muchos más). Eastwood y su guionista Jason Hall adoptan el punto de vista del protagonista (un convincente Bradley Cooper, alejado por complete del glamour que suele caracterizarlo) para narrar cómo opera en combate un experto como él, pero también su incapacidad para volver e integrarse al mundo real y conectarse con sus seres queridos (Sienna Miller interpreta a su esposa y madre de sus hijos).

Es cierto que Eastwood elude todo análisis contextual (no hay referencias a la política exterior estadounidense) y que los enemigos son todos crueles y desalmados (incluidos mujeres y niños que esconden granadas bajo su ropa), pero está claro que el director es fiel a la mirada básica (incluso en sus diálogos elementales) de un "enfermo" por la acción como Kyle, apodado "Leyenda" por sus compañeros.

En algo más de dos horas, Eastwood repasa con una claridad narrativa mayúscula y una bienvenida economía de recursos desde la niñez del protagonista (ya era un brillante tirador) hasta la relación con su rígido y religioso padre y con su hermano menor, la construcción de su familia, el durísimo entrenamiento militar y sus misiones en el frente (hay un par de secuencias bélicas memorables) que incluye varios enfrentamientos con Mustafa, un también certero francotirador surgido del equipo olímpico sirio, que se convierte en su némesis, en el antagonista perfecto.

Como Vivir al límite; The Hurt Locker, de Kathryn Bigelow, Francotirador es una película sobre los profesionales de la guerra, sobre un hombre que se especializa en el arte de matar. Es, quedó dicho, un film abierto a múltiples interpretaciones y con inevitable destino de polémica. Y, también, otro notable aporte de un Eastwood que, a los 84 años, demuestra que sigue siendo uno de los directores más importantes del cine norteamericano de las últimas cuatro décadas.