Exorcismo

Crítica de Carolina Taffoni - La Capital

Que vuelva Linda Blair

Cuando un tema es tan recurrente y las ideas se toman vacaciones, es casi imposible crear una buena película. Y eso es lo que le pasó a Marcus Nispel con “Exorcismo”. Desde “El exorcista”, de William Friedkin, hasta aquí, todos los intentos de empardar aquella producción protagonizada por Linda Blair en 1973 fueron vanos. Apenas “El exorcismo de Emily Rose” (2005) salvó las papas, pero nada más. En esta ¿nueva? propuesta, se apostó a seducir al espectador con el gancho de un grupo de amigos, amantes del descontrol, que deciden ir a un asilo de huérfanos abandonado para organizar una festichola. Como corresponde, todo se complica cuando en medio de un ritual pagano, y con las defensas bajas debido a los efectos del alcohol y las drogas, agarran al chico más débil para convocar a los demonios. El pibe no sólo levita y se contorsiona, sino que libera su instinto asesino. Lo peor es que el diablo después va tomando otras víctimas para hacer de las suyas y todo sucumbe en una espiral tan previsible de sangre a chorros, caras cortadas y estómagos flagelados que aburre. El terror no aparece y se reincide en los tips del género de crear suspenso donde no lo hay. El final intenta dar una vuelta de tuerca, pero llega tan tarde como esta película a la saga de fracasos post “El exorcista”. Volvé Linda Blair, te perdonamos.