Escalofríos

Crítica de Rodolfo Bella - La Capital

“Escalofríos” se encolumna en el segmento de películas para adolescentes con ganas de una aventura fantástica, que apela a la seducción de la literatura del mismo género y que disfrutan de sentir algo de miedo con la certeza de que todo debería estar bajo control, al estilo de “Jumanji”. En este caso, la apuesta fue más allá de la autoría de Robert Lawrence Stine -exitoso escritor real de literatura infantil de terror- ya que la película lo tiene como protagonista y creador de la galería de monstruos que asolará a una pequeña ciudad. Con todos los elementos del suspenso en clave de comedia, la trama comienza con una madre y su hijo adolescente que se mudan de Nueva York a Madison.?Allí tendrán como vecinos a una hermosa chica y su padre (Jack Black). Con el tiempo descubrirá el secreto mejor guardado de ese hombre antisociable, que resultará ser un escritor llamado Stine, en medio de ataques de zombies, el Hombre de las Nieves, el Hombre Lobo, un muñeco parlante y plantas carnívoras, entre otros engendros. El problema con “Escalofríos” es que se la ve venir desde lejos. Es tan previsible que al promediar la primera de sus casi dos horas, dos preguntas se imponen al espectador: cuándo se decidirá el protagonista a concretar la única solución posible al conflicto, y cuántas veces más Jack Black seguirá interpretando diferentes versiones del mismo personaje.