Escalofríos

Crítica de Iván Steinhardt - El rincón del cinéfilo

Una rara (en el buen sentido) mezcla de sensaciones es la que deja “Escalofríos” luego de verse. La primera y principal es haberla pasado bien gracias a algunos aciertos de la producción, pero sobre todo por la capacidad inmediata (y necesaria) de sacarnos algunas décadas y mirarla con la apertura y el asombro de nuestros 10, 12 años. Esa puerta a la imaginación de la platea es abierta por la primera decena de minutos en los cuales la banda de sonido, con música de Danny Elfman, el estilo ochentoso (Spielberg, Zemeckis) para presentar los personajes, y un leve halo de misterio, que cubre el comienzo, permiten dejarnos llevar un rato más (sólo un rato más).

Según como se la mire, “Escalofríos” es la historia de un chico que se acaba de mudar a un pueblito luego de la muerte de su padre, y teniendo que lidiar con la idea de que su madre es la vice rectora del nuevo colegio, al que él también asiste, y con los vecinos de al lado: una chica de su edad que le gusta mucho, y su hosco, huraño, y gritón padre quien lo insta a no pasar nunca la cerca que los divide. Por otro lado, también puede ser la historia de R.L. Stein, el susodicho vecino, un escritor de cuentos de terror (hosco, huraño y gritón), cuyas criaturas cobran vida poniendo en peligro a los que están cerca, que teniendo que lidiar con mantener los libros cerrados bajo llave por miedo a que los monstruos se escapen, y con la idea de que a su hija le gusta mucho un vecinito nuevo que se acaba de mudar al lado.

Según cuál elija hay mejores chances de pasarla bien.

Ocurrirán algunos cambios de punto de vista en el guión de Darren Lemke, pero esto no sería un problema per sé. Tal vez la mayor dificultad por la que atraviesa es tratar de abarcar todo en una sola película. Decimos todo porque en realidad R.L. Stein es, en la vida real el autor de los 48 libros de “Goosebumps” (el título en inglés), y también el presentador de los capítulos de la serie televisiva de fines de los ‘90 basados en su propia prosa. Imagine el lector entonces que si cada criatura mostrada en “Escalofríos” tuvo su propio libro hay, potencialmente, una película en cada uno de ellos. Meterlas a todas en un sólo lugar parece simplificar demasiado en desmedro de una mejor profundidad del personaje R.L. Stein, acá muy bien interpretado para el género por Jack Black. En especial porque cuando el escritor revela la oscura razón por la cual publicó todas estas historias aparece una veta muy interesante, pero sólo desarrollada en un par de líneas explicativas.

En cuanto al género per sé, el cuento está. Los chicos desatan el desastre por un accidente y ahora es menester evitar el plan de un muñeco de ventrílocuo para destruir todo. Hay algunos momentos de transición que funcionan, otros no tanto.

En definitiva, “Escalofríos” pretende ser una aventura entretenida que pueda abarcar las sonrisas de los millones de seguidores de Stein, y de paso jugar con los efectos especiales que por cierto, junto con la fotografía y la estética general de la película, parece todo un homenaje velado al cine y las criaturas de Roger Corman.

Alguna vez hace muchos años Tim Burton coqueteó con la idea de producir la adaptación, y de hecho George Romero ya había bocetado un guión para ello. Quedará en la historia, pero está claro que estos nombres hubieran hecho otra cosa con todo este material. Pudiendo ser mucho más, éste estreno es sólo entretenimiento. Tal vez alcance con eso. Los chicos la van a pasar bien.