Escalofríos

Crítica de Daniel Cervera - Citricón

Para comenzar hay que aclarar que la película va dirigida a un rango amplio de público desde pre-adolescentes a la familia en general.

El film, basado en el libro homónimo de Robert Lawrence Stine, parece tratar de una típica historia de una familia que debe rehacer su vida luego de una tragedia, cambiándose de una gran ciudad a un pequeño pueblo, descubriendo que su vecino actúa de manera extraña, sospechosa y alienándose.

El puntapié de los conflictos sucede cuando Zach, interpretado por Dylan Minnette, conoce a Hanna (Odeya Rush) la hija de su vecino, y esto lleva a desatar por accidente los eventos del eje de la historia y los monstruos queriendo destruir a la ciudad y sus habitantes. En un principio la participación de Jack Black no queda clara hasta que se revela su identidad y algunos elementos cobran sentido, aclarándose un poco más el foco de la crónica.

La historia es simple, con algunas inconsistencias pero con un desarrollo que entretiene, con actuaciones que no se podría decir que no tienen gran destaque pero que funcionan con fluidez y se vinculan bien con la trama. Con muchos elementos de humor continuamente, suspenso, banda sonora que acompaña todos los momentos y efectos digitales bien logrados (que no es de esperarse menos a estas alturas) casi de constante aparición ya sea como escenarios, paisajes o como objetos, aunque no compense los recursos trillados de la historia, un final previsible y comprimido en términos de complejidad y riqueza, a pesar de hacer referencia de que podría haber una secuela.