Entre navajas y secretos

Crítica de Mex Faliero - Fancinema

EL CINE COMO JUEGO

Vaya uno a saber si Entre navajas y secretos logra que el querido subgénero del whodunit recupere su vida en la pantalla grande, pero lo cierto es que en su nueva película, Rian Johnson ha sabido construir un juguete muy divertido, capaz de sobrevolar con coherencia la estructura típica del policial de misterio británico, tener amor por las tradiciones y, claro (porque en el fondo es un director con aires autorales), cierto aire renovador. En la película, un famoso escritor de novelas de misterio y multimillonario se ha suicidado. Sin embargo, hay algunas dudas sobre ese episodio: para algunos se trata de un asesinato. Así es como un par de agentes policiales y un detective privado (uno de esos detectives más grandes que la vida) se dedican a entrevistar a hijos, nueras, yernos, nietos y empleadas del muerto en la casona en la que vivía. Como suele ser regla en este subgénero, Johnson utiliza los primeros minutos de película para presentar personajes y delinear sospechosos. Lo hace con un gran trabajo de montaje y siempre con un aire entre juguetón y autoconsciente de lo hiperbólico de todo asunto.

Con una filmografía de lo más ecléctica, que se va paseando del indie al mainstream sin problemas, Johnson tiene como mayor defecto, tal vez, el hecho de querer hacerse notar en cada decisión que toma. Entre navajas y secretos no es la excepción, pero es bien cierto que este tipo de películas hacen de cierto exhibicionismo su virtud: como que la mostración del recurso es el combustible que usa el mago para que su truco no sea evidente. Y en el whodunit hay mucho de acto de ilusionista: hay que sembrar múltiples sospechas, tratando de estar siempre unos pasos delante del espectador. Uno de los peligros que corren ciertos géneros y subgéneros tradicionales es la distancia irónica con la que se los suele mirar desde el presente, pero Johnson esquiva esa postura todo lo que puede. En su película hay humor, pero siempre relacionado con los personajes y sus actitudes entre miserables y ridículas. Johnson deja atrás la solemnidad y la trascendencia habitual de su cine, y construye un relato en la mejor senda de los policiales de misterio a lo Agatha Christie o Arthur Conan Doyle. Confeso admirador de este tipo de historias, se lo nota divertido con cada vuelta de tuerca que el guión propone.

Otra de las reglas impuestas por el cine para este tipo de relatos es la del elenco kilométrico en estrellas, algo heredado del vodevil (no de gusto la mayoría de estas historias se centran casi en un único espacio). Como no podía ser de otra manera, Johnson se rodea de varias figuras, entre las que encontramos a Chris Evans, Ana de Armas, Jamie Lee Curtis, Toni Collette, Don Johnson, Michael Shannon, Keith Stanfield, Christopher Plummer y Frank Oz, aunque el que sobresale es Daniel Craig como el detective Benoit Blanc. Craig se muestra gracioso como nunca, en un personaje de lo más lúdico y virtuoso, uno de esos sabuesos que siguen cada pista hasta el final y que parecen quebrados hasta segundos antes de descubrir al asesino. Al respecto, Johnson aporta un giro de guión sorprendente en la mitad de la película que quiebra cierta lógica del whodunit y que nos invita a ir mucho más del descubrimiento del asesino. Porque en el fondo, Entre navajas y secretos es una película sobre una familia terrible, horrenda, una sarta de seres materialistas y egoístas capaces de lo peor con tal de quedarse con la fortuna del viejo. Y esa mirada satírica incluye a los más reaccionarios y fascistas herederos como a los más progresistas, aunque incapaces de distinguir si la empleada doméstica latina es brasileña o ecuatoriana. La mirada sobre la inmigración y su vínculo con la alta sociedad termina siendo el gran misterio resuelto de esta divertidísima película.