El último desafío

Crítica de Vicky Vázquez - Cine & Medios

Tiene comisario el pueblo

En su primer protagónico tras regresar a la pantalla grande y dejar la política, Arnold Schwarzenegger demuestra que el género de acción, como se ve también en otros filmes, no desecha a sus viejos ídolos, sino que les busca historias a su medida.
Schwarzenegger es Ray Owens, el comisario del pacífico pueblo de Sommerton, al sur de los Estados Unidos, en la frontera con México. En este lugar donde habitualmente no ocurre demasiado, empiezan a verse movimientos de personas desconocidas, y el afilado olfato de sabueso de Owens percibe que algo irregular está a punto de suceder.
Lejos de allí, en Las Vegas, un equipo del FBI liderado por el agente John Bannister (Forrest Whitaker) tiene complicaciones con el traslado de un convicto de máxima seguridad, el líder de un cártel mexicano de drogas llamado Gabriel Cortez (el español Eduardo Noriega, que sabe actuar mejor de lo que se ve en esta película, pero no parece ser algo que le importe).
Si bien no evita los clichés del género, pero sabe utilizarlos muy a conciencia y no como último recurso, "El último Desafío" cuenta una historia simple y hasta bastante previsible. Sin embargo cumple de alguna manera con todo lo que el espectador pretende de un veterano del género como es Schwarzenegger. Desde las primeras escenas vemos que está bastante más rígido que de costumbre, pero que sabe manejar las armas de grueso calibre como nadie. Es el héroe, el líder, al que no le importa la desventaja ni enfrentar a una fuerza apenas menor que un ejército con un grupo que se asemeja mucho, pero mucho, al equipo de “Brigada A”, Murdock incluido (Dinkum, el personaje de Johnny Knoxville).
Divertida, esta película toma mucho del western: enfrentamientos cuerpo a cuerpo como duelos, un pueblo con apenas dos filas de construcciones a lo largo de una calle principal, y no pretende mucho más que ofrecer lo que se espera: buenas persecuciones, vehículos ultraveloces, malos muy malos, disparos, humor (concentrado en todos los personajes pueblerinos, especialmente el actor Luis Guzmán), armas de todo calibre, y, por supuesto, el héroe conocido al que todo el pueblo (y el público) ama.
Para pasar un buen rato de diversión en el cine y confirmar que, como dice el refrán, viejos son los trapos.

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