El último desafío

Crítica de Rodolfo Weisskirch - A Sala Llena

El Último Gran Héroe

Vamos a admitirlo. Extrañábamos a Arnold. Lo necesitábamos. Jason Staham es muy chiquito, no da miedo, no tiene un acento divertido. Pero Arnold es diferente. Su cuerpo ya intimida, su sonrisa pintada en el rostro aterra, su mirada fija pone los pelos de punta… y su acento, lo convierte en un chico travieso europeo con ganas de romper todo.

Si bien, ya lo habíamos visto al lado de Stallone y los demás duros en Los Indestructibles, Arnold merecía una película hecha a su medida y su trayectoria.

Confieso no ser demasiado fan de sus films de acción más clásicos, pero a partir de que empezó a relajarse y tomarse menos en serio, reírse un poco de sí mismo, el grandote me cayó bien.

El Último Desafío no es una película escrita y pensada solo para que el austríaco de 65 años demuestre que sigue activo y es más popular como intérprete que como político, sino que también es un western contemporáneo como los de antes: artesanal, divertido, sencillo, con pocas explosiones y esenciales efectos digitales. Una película que no pretende ser más grande de lo que es, que no tiene connotaciones políticas e ideológicas, cuya única meta es divertir y entretener, dejar satisfechos a los fans del ex gobernador de California. Y lo consigue, con creces.

¿Por qué? Porque el cine coreano es el futuro del cine. Hollywood ya se dio cuenta. No hace falta que Psy haga el Gangnam Style frente a Obama, para que occidente exporte nuevas gemas de la dirección coreana. John Woo y Ang Lee son parte del pasado. Ahora, traen a Chan - Wook Park y Jee Woon Kim, consolidados realizadores en su país para que se conviertan en el refuerzo cinematográfico que la industria necesita.

Jee Woon Kim se ha ganado ese reconocimiento. Hizo la remake coreana de Lo Bueno, lo Malo y lo Feo – The Good, the Bad and the Weird – que si se hubiese realizado en Hollywood habría sido un sacrilegio. En cambio, Jee le aportó una impronta dinámica, original, creativa, espectacular. Esto lo lleva a El Último Desafío, un western clásico, con reminiscencias de Duro de Matar, A la Hora Señalada y 3:10 a Yuma.

Ray (Arnold) es el sheriff del pequeño pueblo de Sommerton. Un sitio pacífico, lleno de granjeros de armas tomar, donde lo más grave que puede suceder es tener que encerrar al típico joven rebelde por emborracharse. Sin embargo, el lugar se convierte en un punto clave para Cortés, un importante narcotraficante mexicano (interpretado por el español Eduardo Noriega), que se acaba de fugar de Las Vegas mientras era custodiado por el FBI – liderado por un Forest Whitaker que repite un personaje que ya hizo en el pasado - y pretende cruzar la frontera que limita con México para escaparse definitivamente.

Pero Ray es un hombre de honor, con principios, demasiado viejo para ser comprado, por lo que desafia a toda la banda de Cortés – encabezada por el gran Peter Stormare – para implementar “justicia”.

Cargada de gags y homenajes al género, Jee Woon Kim explota la imagen de su protagonista desde cada ángulo para resaltar su figura sin necesidad de mostrar sus músculos. Se trata de un sheriff a lo Burt Lancaster, pero también existe una autoconciencia y sátira a la historia personal del actor. El guión está escrito precisamente, para que Arnold con ese acento inconfundible, remarque frases, que en boca de otro – exceptuando Bruce Willis posiblemente – no generarían el mismo efecto. “Bienvenido a Sommerton”; “Soy el Sheriff”; “Estás bajo arresto”; "Estoy viejo". En la voz de Schwarzenegger cobra otro sentido, se convierte en un remate humorístico, son guiños para los fans. “Sos una vergüenza para los inmigrantes” es la cereza de la torta. Acaso una burla a las leyes inmigratorias que implementó durante su gobierno.

Aunque sea una historia clásica, y contenga estereotipos y frases hechas, en el contexto que rodea al actor cobran otra relevancia. Es que Arnold lo permite y lo necesita.

Jee Woon Park consigue que el film no se exceda, lo nutre de espíritu ochentoso, de violencia gráfica, de humor negro. Los caricaturescos personajes de Luis Guzmán o Johnny Knoxville – emulando a Murdoch de Brigada A – le aplican otra capa de comedia, de surrealismo necesario para no caer en el relato solemne.

Es revitalizador, complace ver el espíritu de los héroes de antaño en este film que le debe mucho a Hill, Siegel – el colectivo de Harry, el Sucio - o Leone. Hay detalles literales, que confirman esto. Desde los encuadres hasta elementos escenográficos. Al film no le falta ni le sobra nada. Quieren persecuciones, hay persecuciones; quieren ver a Arnold apuntando armas sofisticadas, no se van a decepcionar. Incluso demuestra que todavía sigue activo en el combate cuerpo a cuerpo – y Noriega es un digno oponente.

Esto es cine, muchachada. Cine clásico, espectáculo del bueno. Entretenido, divertido, y con Schwarzenegger en el mejor estado posible. Que importa si hace apología al derecho de cada individuo para tener armas. Es solo un film de acción.

Arnold is back. Hasta la vista, baby.

El Prode de los Oscars