El silencio del cazador

Crítica de Maximiliano Curcio - Revista Cultural Siete Artes

Apoyado por el instituto de cine de Misiones, esta película cuenta la trágica historia de este aguerrido guardaparque, inmerso en un triángulo de celos que tiene lugar en el calor de la selva. Filmada en locaciones naturales y protagonizada por Pablo Echarri y Mora Recalde, “El Silencio del Cazador” nos habla de cazadores furtivos y pasiones humanas, en donde la escalada de violencia en la que se verán envueltos los protagonistas representa el síntoma de una sociedad que porta conflictos ancestrales.
Partiendo de un proceso de investigación en el lugar que demandó años, “El Silencio del Cazador” destaca en la habilidad por mixturar los elementos del género thriller y western. Martín Desalvo denota una notable capacidad para utilizar a los mismos en función de trabajar una problemática social y humana real y concreta. El realizador de “Unidad XV” apuesta a la heterogeneidad de registros dramáticos para contar una película atrapante sin quitarle importancia a la preocupación ecológica por los animales autóctonos, proveyendo una mirada a la ecología desde una verdad despojada de liviandades.
Acaso también busca posicionarse como una válida película testimonial, denunciando el peligro de extinción del yaguareté de la selva misionera. La aparición en escena del mítico animal, constituirá una metáfora particularmente llamativa como disparador argumental de estas rivalidades sosegadas, buscando el autor una verdad consecuente y comprometida y visibilizando el impacto en los pobladores de allí, fresco social que otorga al film un fuerte sesgo documental.

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