El secreto de Albert Nobbs

Crítica de Alberto Harari - MI CINE - por halbert

"GRAN PERSONAJE EN UN GUIÓN ALGO SUPERFICIAL"

Con ritmo narrativo pausado y un gran cuidado por lo estético, asistimos a la historia de Albert Nobbs, un camarero de la Irlanda del siglo 19, que trabaja en un hotel, pero que ahorra moneda a moneda para lograr cumplir un sueño de independencia y formar una familia.

Pero Albert es un hombre encerrado en el cuerpo de una mujer (o una mujer transvestida, como se lo prefiera ver), y no le será nada fácil alcanzar sus objetivos en esa época (ni siquiera es sencillo en estos “tiempos modernos”). Su meticulosidad y perfeccionamiento le hacen ser considerado como un magnífico mayordomo, siendo admirado por todos y logrando buenas propinas. Sin embargo, en su vida privada, se encuentra totalmente anulado por su indefinición sexual. Soñando con integrarse en una reprimida sociedad que lo ha obligado a ocultarse, empezará a cortejar a una de las camareras del hotel, desconociendo que ello le traerá varios problemas que marcarán su destino.

Glenn Close interpretó por primera vez al personaje de Albert Nobbs en 1982, en una producción teatral, por la que ganó un Premio Obie, y durante quince años trató de adaptar la historia para el cine. El filme interesa más por la creación de Close que por la historia desarrollada; es de esas obras que se apoyan en el lucimiento de su protagonista, más que en un guión “de hierro” (al igual que la “iron lady” de Meryl Streep). La trama deja con ganas de más; pareciera quedarse en un medio tono que, para el tipo de personaje y el conflicto planteado, merecía mayor profundidad. El único momento en el que Albert se rebela y pareciera correr sangre por sus venas, conformando el breve clímax del filme, éste es dejado “fuera de juego” (para no develar qué ocurre), y el desenlace se presenta algo forzado y poco justificable.

Es de destacar la cada vez más atrayente presencia de Mia Wasikowska en este tipo de filmes “de época” (especialmente en su reciente “Jane Eyre”), y es celebrable también el rol de una gran Pauline Collins; aunque, por otro lado, resulta extraño ver a reconocidos actores en roles demasiado menores, como Brendan Gleeson, Brenda Fricker o Jonathan Rhys Myers.
La última propuesta del cineasta Rodrigo García (hijo del ilustre Gabriel García Márquez) resulta una obra que se aparta de la estructura de historias cruzadas que han caracterizado su filmografía (“Con solo mirarla”, “Nueve vidas”, “Amor de madres”).

Muy bien está Glenn Close (aunque, tal vez, excesivamente contenida, casi de piedra) nominada a varios premios por esta personificación, pero mejor está Janet McTeer, que pareciera desplegar y comunicar más emociones que la propia protagonista.
La película se apoya más en la exquisita puesta en escena, en una delicada fotografía y en buenas interpretaciones actorales, pero era una historia que daba para más. Al menos no es aburrida, pero le falta una vuelta de tuerca al guión, que la haga más interesante.