El principito

Crítica de Federico Bruno - Fancinema

Sólo se conocen bien las cosas que se domestican

Por Federico Bruno

(@_federicobruno)

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Los derechos de autor de la novela corta de Antoine de Saint-Exupéry entraron en dominio público luego de cumplirse setenta años de la muerte del escritor y aviador francés. ¿Cuándo sucedió esto?, el 1 de enero de 2015. La apuesta entonces del film de Mark Osborne (dirigió Kung Fu Panda y la primera de Bob Esponja) es arriesgada cuando ya están en imprenta nuevas traducciones y emergen nuevos proyectos e interpretaciones. La historia -aggiornada- se sale de libreto sin perder el respeto por la versión original de El principito, es su nexo pero la protagonista en realidad es La Niña (voz de Mackenzie Foy) que intentará despegarse de la opresión de una madre (voz de Rachel McAdams) que planea hasta el último detalle de su vida y un padre viajante. El quiebre en sus monótonas vidas será cuando se muden al vecindario de El Aviador (voz de Jeff Bridges), autobiográfico de Saint-Exupéry, quien prepara su tercer despegue desde el patio de su casa en búsqueda del icónico niño (voz de Paul Rudd).

Osborne es uno de los alumnos notables que egresaron en el Instituto de Artes de California (CalArts), entre otros como es el caso de Tim Burton, John Lasseter y Andrew Stanton. El principito, de alguna manera, puede materializarse en un Elige tu propia aventura, cada nueva lectura abre nuevos caminos, esta película mantiene dicho paradigma e invita a la reflexión al espectador, cualquiera sea su edad, acerca de la cotidianeidad, la sociedad y los valores. El montaje es excelente y el ensamble de la animación por computadora con el stop motion -el director dictó esa materia en CalArts- no tiene fisuras, rememora los trazos naif que dibujaron la serpiente, el cordero y el elefante de los libros que pudieron llegar a nuestras manos a partir de su publicación en 1943. Como si fuese poco, el 3D potencia los recursos visuales y las escenas nos atraviesan como si estuviésemos en la inmensidad del desierto o en el asteroide B 612.

“Elemental, Watson”, “Ladran, Sancho, señal que cabalgamos” y “Telepórtame, Scotty” son frases-hito en la cultura popular que carecen de fuentes para comprobar su existencia y mucho menos sus emisores. En este (sin)sentido quedaron encriptados algunos pasajes de El principito, que bien decodificado por los guionistas rescataron citas interesantes y supieron corresponderlas con los personajes adecuados. Quedan advertidos: no es necesario ningún conocimiento previo acerca de este clásico universal antes de verlo en pantalla grande. “Lo esencial es invisible a los ojos”, enseña El zorro al niño, que antes tuvo que domesticarlo porque si no sería como cualquiera de su especie. Ya domesticado se convierte en su amigo y sólo se conocen bien las cosas que se domestican. La crítica principal se dirige al capitalismo desmedido, culpable del asesinato de la niñez, la inocencia y la pérdida de la capacidad del asombro.

Una hora y media de estímulos que tienen como único destino el hemisferio derecho del cerebro, para los adultos será un pasaporte a la infancia y para los más chicos una lección de aprendizaje y emancipación. Al final quedarán convertidos todos, los protagonistas y los espectadores. La música a cargo de Hans Zimmer es un buen ingrediente de las secuencias narrativas y la versión de Lilly Allen del clásico de Keane, Somewhere only we know, aporta la carga emotiva para los que son duros de emocionar o reírse, y se les ablanden los músculos de la cara.

Las películas dobladas pierden en el camino parte del encanto, aunque mire cómo y por dónde se la mire no deja de ser una de las mejores que han salido este año. En los cines no encontraremos otra alternativa que verla convertida al español. El film original completa el reparto con las voces de James Franco (El zorro); Marion Cotillard (La rosa); Benicio del Toro (La serpiente); Ricky Gervais (El vanidoso); Albert Brooks (Hombre de negocios) y Bud Cort (El rey). Algunos no estarán de acuerdo con que el célebre personaje haya crecido, pero al fin y al cabo es lo que nos toca.

El otro lado de El principito: en 1974, había sido filmada por Stanley Donen en clave de fantasía musical. Más allá de la ficción conllevó una carga de realismo desmedida con actores de carne y hueso: Steven Warner y Richard Kiley en los papeles principales, Principito y aviador, respectivamente. La locación fue montada en Túnez.