El panelista

Crítica de Cristian A. Mangini - Fancinema

EN FOCO

En su segundo largometraje documental, tras su muy buena ópera prima Fausto también, Juan Manuel Repetto profundiza en la integración como un elemento clave de su filmografía. El panelista no tiene las virtudes narrativas que ya había demostrado en el trabajo de guión de su anterior film, pero contiene algunas pinceladas que, al igual que en Fausto…, hacen de Carlos, su ineludible protagonista, una figura que desnuda tanto sus limitaciones como sus procesos de superación con una nota esperanzadora que está lejos de los mensajes de superación personal y autoayuda con los que nos bombardean constantemente. Aquí hay sutileza.

El panelista se focaliza en Carlos, el líder de un equipo de personas ciegas entrenadas para catar distintos tipos de alimentos en un laboratorio de análisis sensorial. Su vida entra en crisis por un acontecimiento familiar que pudo haber sido una tragedia y el ingreso de nuevas integrantes al grupo de trabajo. A pesar de la superación de sus limitaciones y haberse integrado perfectamente a la sociedad, tomará autoconsciencia de cómo la ceguera continúa resultando un obstáculo en su vida, siendo el film el retrato de este proceso, no sólo a través de su voz sino también a través de la de sus compañeros y supervisores. El resultado es por momentos inconexo y menos compacto que Fausto también en la definición de su protagonista, pero se permite la audacia estructural en el guión de dar significado a segmentos aislados que actúan de separador en su desenlace -cuando finalmente se refiere a lo que ocurrió con el hijo de Carlos- y juega con algunas variables sensoriales para situarnos en su piel. La más común es el desenfoque, que a pesar de resultar previsible para describir la ceguera, es efectivo.

Repetto se detiene en algunos testimonios que a menudo a través de la voz en off enriquecen la descripción de la vida cotidiana de Carlos, en particular el de su supervisora, que nota los cambios que ha sufrido el protagonista con su grupo de trabajo y amistades. Otros testimonios resultan enriquecedores cuando se los visualiza aisladamente, pero quizá se diluyen en el marco narrativo del film. La poderosa anécdota con la que una compañera de Carlos describe cómo ha perdido la vista es de un valor inobjetable, pero parece tener más que ver con un film coral en su conjunto, sobre el laboratorio de análisis sensorial, que con el protagonista que abre y cierra el documental. Esta es una diferencia importante con Fausto también. A pesar de lo que se menciona, el poderoso epílogo que cierra el film nos recuerda el peso de la historia del protagonista.

Con notable pericia, Repetto logra construir otro documental donde la integración y la superación personal son un tema que resuena con un trabajo de investigación exhaustivo desde lo periodístico y un guión que a pesar de sus irregularidades, termina definiendo a la figura de Carlos con solidez.

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