El panelista

Crítica de Adrián Monserrat - EscribiendoCine

Catando límites

Llega un documental que explora a un grupo de no videntes desempeñándose en un laboratorio de investigación. Los sueños, las frustraciones y los conflictos emergen en un equipo que aprovecha sus capacidades al máximo sin detenerse en sus incapacidades.

Juan Manuel Repetto (Fausto) nos brinda El Panelista (2019), su segundo largometraje, documental que se introduce en la vida de Carlos Bianchi, líder de un equipo de personas con ceguera especialmente entrenadas para catar alimentos en el INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial). Carlos se presenta al frente de cada procedimiento de cata de aromas o alimentos. Díez minutos después, a través de una elipsis, saltamos dos años con respecto a esta presentación y allí los cambios comienzan a sucumbir.

Fausto (2016), ópera prima de Repetto, nos evidenció como Fausto Celave, un joven con autismo, ingresó a la universidad pública para estudiar informática. Con esta obra, el director nos condujo a desafiar cualquier límite. Aquí exploró a través de su protagonista como la discapacidad no es una traba, si no que se expone por una sociedad que aún no está en condiciones de incluir a todos los seres humanos.

A través de El Panelista, otra vez la ciencia y la educación aparecen como temas comunes a Fausto, y aunque trata de diferenciarse con respecto a las posibilidades del alcance de sus protagonistas, siempre los obstáculos se hacen presentes para querer remarcar un prejuicio de la sociedad.

La obra sorprende con su gran manejo de los tiempos, su construcción técnica gracias a los cercanos planos a los que catan los alimentos y nos enmarca a como se desarrolla la vida de Carlos dentro y fuera del INTI, el cual su liderazgo se pone en juego desde todas las aristas.

Repetto lo consigue. El Panelista es una clara muestra de cómo una discapacidad puede convertirse en un obstáculo de un momento para el otro aunque exista desde toda la vida.

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