El mundo entero

Crítica de Gabriela Mársico - CineramaPlus+

El realizador Sebastián Martínez (París Marsella -2005-, Centro -2010-) dirigió este documental sobre la vida de Francisco Piria, fundador del balneario Piriápolis en la costa uruguaya. El guion, en coautoría del director con Valeria Groisman, muestra no solo el tapiz que representa la vida extraordinaria de este hombre multifacético sino que además se detiene a revelar el entramado que subyace bajo la obra edilicia y monumental que plasmó en la ciudad que lleva su mismo nombre.

HELIÓPOLIS, LA CIUDAD DEL SOL

Qué era antes lo que hoy es Piriapolis. A fines del siglo XIX, apenas un pedazo rocoso de costa salido de la nada en medio de la nada. En pleno siglo XXI, se erige como una ciudad balnearia en el Uruguay. La ciudad de Piria, un uruguayo, hijo de genoveses, que al quedar huérfano de padre a los cinco, viaja a Italia para ser educado por un tío jesuita, que a su vez, está influenciado por los Templarios, de los que tomará el conocimiento esotérico de la alquimia. Retorna a Uruguay a los catorce nada más que para volver a quedarse huérfano, pero esta vez de madre. Perder el hogar, y todos los bienes.

Qué se hace con la pérdida. Qué hacer con el vacío que era en ese entonces esa porción de costa uruguaya más parecida a un páramo que a un balneario. Qué hacer con el vacío y la nada. Abrir un bazar en el Mercado Viejo de Montevideo y llenar el espacio vacío con objetos de todo tipo, tamaño y color, tales como joyas pretendidamente preciosas pero a todas vistas falsas que gracias a consignas mentirosas pero prometedoras llegó a vender desde relojes pulseras hasta perros de colores a los que les teñía la pelambre de rojo, azul y amarillo. Era evidente que Piria había resultado tener más talento como publicista que como vendedor.

Virginia Woolf decía que “una biografía era la lucha entre el granito del hecho y el arco iris de la ficción”. Pero qué ocurre si tanto uno como otro, el hecho y la ficción confluyen y se imbrican de tal modo en el entramado de ese tapiz que es su vida y su obra que resultaría casi imposible discernir el hecho de la ficción. Separarlos, como para afirmar esto sí ocurrió, pero esto otro no. Es decir, donde se encuentra la esencia del hombre, y donde comienza o termina el mito que se fabrica en torno a él, es decir, a su vida y a su obra.

A los 30 se incendia su bazar y pierde nuevamente todos sus bienes y fortuna. Su mujer muere junto al cuarto hijo en el parto. Todo lo que tiene vuelve a ser tragado. Desaparece. Como había desaparecido su padre en un naufragio. De nuevo, qué se hace frente a la pérdida, frente al vacío. Reinventarse, volver a hacerse. Reconstruirse. O en su defecto construir un mundo propio, preferentemente un mundo entero. Francisco Piria encarna mejor que nadie la famosa premisa del self made man. El hombre que se hace a sí mismo. Y así procederá con todo lo que caiga en sus manos, o con cualquier idea que pase por su febril cabeza, transformar materia inerte en un bien de uso o de cambio altamente redituable.

Como un mago alquimista hará brotar de la tierra, árboles, estatuas, levantando edificaciones monumentales con estilo medieval y renacentista tales como templos, castillos, y hasta hoteles como el Hotel Piriápolis, y el Argentino Hotel que podremos apreciar en todo su esplendor con tomas aéreas, y cenitales. El Hotel Argentino, que caprichosamente fue bautizado a la inglesa como Argentino Hotel, había sido pensado para huéspedes ricos argentinos que tuvieran la imperiosa necesidad de esconder de la sociedad a sus hijos enfermos de tuberculosis, enfermedad de pobres, y curarlos en las aguas minerales de las fuentes del hotel.

Piria tenderá vías de ferrocarril y tendrá sus dos líneas ferroviarias, Fuerza y Voluntad. Fabricará vinos y cognacs en su bodega. Con su empresa La Industrial comprará tierras en Montevideo y las loteará a campesinos y obreros, con planes de pago de hasta cincuenta años, reconfigurando alrededor de la ciudad barrios enteros de obreros. Importará máquinas y granito de Suecia para adoquinar la ciudad luego de que la ley de 1889 permitiera la fabricación de entre 30.000 y 150.000 adoquines por mes con los que se adoquinaría las calles adyacentes al Boulevard Artigas.

EL ALQUIMISTA

En 1897 construye un castillo que lo utilizará como mansión filosofal. Hará traer de Europa estatuas de los dioses griegos que representan tanto a los planetas como a los metales alquímicos. La habitación superior será utilizada para sus proyecciones astrales en el tiempo y en el espacio para captar los puntos de energía y para el desciframiento de símbolos alquímicos y mensajes ocultos.

El castillo templo, construido según las antiguas leyes de la India, está orientado al este, hacia la salida del sol para que el día del equinoccio de primavera, un rayo de sol atravesaría el frente e iluminaría un punto en el altar donde él dejaría polvo de proyección, la sustancia que permitiría hacer transmutaciones.

CIUDADANO KANE

En 1879 fundó el diario La tribuna popular del que sería jefe y copropietario y desde cuyas columnas se enfrentaría al gobierno de entonces. En 1898 escribió el libro El socialismo triunfante. Lo que será mi país en 200 años. En esta novela utópica de anticipación, el protagonista Fernando, su alter ego, practica, gracias a las enseñanzas de un faquir, la suspensión inanimada haciéndose encerrar en una caja de cristal para que lo despierten en doscientos años, es decir, en el 2098, en un lugar llamado Piriápolis. Fernando se ríe de sí mismo y se pregunta: a quién se le ocurriría la pedantería de ponerle a la ciudad su propio nombre…

Piria, al igual que Kane, se convierten en fascinantes acertijos o enigmas a descifrar. Los realizadores del documental proveen al espectador de casi todas las pistas para la reconstrucción de los fragmentos de su vida a través de álbumes de fotografías, archivos audiovisuales de época, testimonios de descendientes, de estudiosos de su figura y sobre todo de su obra que aún en ruinas se encuentra en pie. La develación de la figura en el tapiz de su vida dependerá en parte del hallazgo y del encaje de esa última pieza, o palabra, que vuelva a darle sentido al entramado tanto de su vida como al de su obra.

Por Gabriela Mársico
@GabrielaMarsico