El lado peligroso del deseo

Crítica de Nicolás Feldmann - Proyector Fantasma

La infidelidad cuesta caro
Ya hace unos años que todo lo que involucra a Eli Roth es merecedor, al menos, de prestarle atención. Al tratarse del director de películas como Cabin Fever (2002) y Hostel (2005), consideradas de culto para el terror moderno, Roth no solamente fue uno de los encargados de revivir el género Gore, sino que también intentó aportar una pequeña cuota de sátira social a las pesadillas por las que obligaba pasar a sus personajes.

Ahora bien, a pesar de que sus últimas propuestas como Clown no sean las más representativas de lo que el realizador supo demostrar en sus primeros filmes, es evidente que su particular mirada todavía es capaz de seguir cautivando por sobre sus errores.

Al mejor estilo Funny Games (1997) de Michael Haneke, Knock knock (conocida en Argentina con la horrible traducción El lado peligroso del deseo) cuenta la historia de Evan Webber (Keanu Reeves), un solvente arquitecto y padre de familia que por cuestiones laborales debe quedarse en su casa mientras su mujer e hijos se van a la playa por el fin de semana. Esa misma primera noche Evan recibe la visita de dos hermosas señoritas llamadas Bel y Genesis (Ana de Armas y Lorenza Izzo) quienes le piden por favor utilizar su teléfono y de paso resguardarse de la lluvia en su casa. El buenazo del protagonista las recibe pero no sin antes aclarar que se encuentra felizmente casado, cada vez que sus invitadas pretenden seducirlo. A pesar de la advertencia, el coqueteo no dura mucho y la infidelidad termina ocurriendo tarde o temprano.

A la mañana siguiente, Evan despierta con la certeza de mantener en secreto lo ocurrido la noche anterior, por el resto de su vida, e intenta despedirse rápidamente de sus ocasionales amantes. El problema es que ellas no tienen intenciones de irse y pretenden torturarlo de todas las maneras posibles, como castigo por haber traicionado a su esposa.

Lorenza-Izzo-and-Ana-De-Armas-in-Knock-Knock

La historia no se aleja en ningún momento de esta sencilla premisa inicial. Por eso, nos deja la sensación de que se le podría haber dado alguna que otra vuelta de tuerca para fomentar aún más el suspenso y la tensión de este juego macabro.

Prácticamente el film se sostiene únicamente en las excelentes interpretaciones de Ana de Armas y Lorenza Izzo (casualmente la pareja de Eli Roth) en el papel de las dos encantadoras psicópatas dispuestas a cualquier cosa por el sólo hecho de divertirse enloqueciendo a sus víctimas. Algo que se opone a lo incómodo que resulta ver a Keanu Reeves recitando solemnemente la mayor parte de sus líneas.

De todas formas la película no se toma muy en serio a sí misma y eso se convierte en un acierto cuando comienzan a aparecer los cabos sueltos y las situaciones inverosímiles que claramente podrían opacar al resto de la realización. Porque si bien este tipo de falencias nunca dejan de hacerse notar, son más fáciles de pasar por alto si es que la narrativa entretiene. Y eso es algo de lo que podemos estar seguros si el proyecto es de Eli Roth.