El jilguero

Crítica de Alejandro Turdó - EscribiendoCine

Nido vacío

Con El jilguero (The Goldgfinch, 2019) John Crowley vuelve a ponerse detrás de cámara tras su exitosa experiencia con Brooklyn, película que consiguió tres nominaciones a los premios Oscar y generó bastante run run en la temporada de premios allá por 2016, a pesar de no conseguir ninguno particularmente relevante. En esta ocasión vuelve a adaptar una novela, el best-seller homónimo de Donna Tartt que supo mantenerse durante treinta semanas en la lista de los más leídos del prestigioso New York Times.

El jilguero sigue el derrotero (¿?) de Theo Decker, un chico cuya vida da un giro de 180 grados el día que pierde a su madre tras un atentado en el Museo de Arte Metropolitano de Nueva York. Desde ese momento vida alternará entre la casa de familia de clase alta de un compañero de colegio, el hogar de su padre abandónico y la tienda de antigüedades del hombre que le dará un techo y un oficio. El relato nos lleva por los años de niñez, adolescencia y primer adultez de Theo, marcados por una tragedia que le genera un trauma tan imborrable como recurrente.

Ansel Elgort (Bajo la misma estrella, Baby: El Aprendíz del Crimen) interpreta la encarnación más madura de Theo acompañado por pesos pesados como Nicole Kidman, Luke Wilson, Sarah Paulson y Jeffrey Wright, sin contar el aporte de uno de los niños prodigio del momento Finn Wolfhard (Stranger Things, It (Eso)). La troupe de actores hace un trabajo impecable con el material, pero acá no se trata de un problema de quiénes, sino de qué y cómo. Los extensísimos 149 minutos de duración intentan englobar tanto de la novela original como le es posible, olvidando que una obra audiovisual no se mueve por los mismos canales que una obra escrita. De la misma forma es casi inevitable la asociación con Tan fuerte y tan cerca (2012), otra película basada en un best-seller literario que involucra a un niño y una tragedia en medio de un ataque terrorista.

A través de los años, Theo supo guardar un secreto que lo acompaña desde el día en que perdió a su madre, un secreto que el guionista Peter Straughan (Frank, El topo) convierte en un recurso caprichoso que aparece y desaparece de la trama de forma inconsistente, sólo para recordarnos su conexión con el título del film, derivando en una excusa para retener información como único recurso para generar intriga en el espectador sobre un hecho que jamás logra igualar el peso dramático del devenir de los personajes y sus tribulaciones.

El tercer acto de esta primer colaboración entre Amazon Studios y Warner Bros es prácticamente una película dentro de sí misma, tan descolocada en relación a lo desarrollado previamente que termina desbalanceando considerablemente una producción que, a pesar de su reparto de lujo y una estética que consigue momentos realmente bellos, nunca logra conmover a pesar de todos los "dramones" que va plantando en el camino.

Resumen de críticas