El Hobbit: Un viaje inesperado

Crítica de Paula Caffaro - CineramaPlus+

DE LOS HOYOS NACE LA VALENTÍA

Si bien el filme es una clara sucesión de efectos especiales y despliegue tecnológico es importante señalar que el relato pone en relieve el costado humano de todos los personajes.

Sesenta años antes de que Frodo Bolson se embarcara en una de las mayores aventuras épicas jamás narradas, su abuelo Bilbo era convocado por Gandalf, el gris; para emprender un viaje lleno de peligro y desafíos. Como todo hobbit, Bilbo no aceptaría con facilidad esta propuesta inesperada que lo alejaría de la tranquilidad de su hoyo. Pero los poderes de la magia y la astucia de un viejo sabio lograrían con suspicacia que el joven hobbit se llenara de coraje y emprendiera la travesía de su vida.

Nacido en un cálido hoyo en Hobbiton, Bilbo Bolson, es un típico hobbit: de carácter retraído, temeroso y solitario; acostumbrado a la quietud de las praderas y la serenidad de los arroyos. Gustoso de la buena comida y dotado con el don de pluma, sus días transcurren en paz y sin sobresaltos. Pero una noche todo iba a cambiar, durante una rutinaria cena, alguien golpeó a su puerta: un enano se presentó y con su característica desfachatez se adentró en la propiedad. Así uno tras otro, el hoyo se pobló de hambrientos enanos, que con sus botas llenas de tierra, horribles barbas y sudados harapos coparon el pulcro comedor del hobbit.

De la noche a la mañana la vida de Bilbo giró 360 grados. Nadie creería en su coraje, pero la valentía brotó de sus entrañas y firmó el compromiso con la misión de los enanos, que no era ni más ni menos que recuperar Erebor, su tierra saqueada por la bestia más temida de aquellos tiempos: Smaug, el dragón que con total impunidad ha robado los tesoros mejor guardados por su rey. Lejos de acobardarse, el hobbit mostró su costado más audaz y con mucha inteligencia logró superar cada uno de los obstáculos presentados. Desde los asquerosos trolls del bosque hasta los despiadados Orcos.

Si bien el filme es una clara sucesión de efectos especiales y despliegue tecnológico de última generación, es importante dejar en claro que la primera parte de esta segunda trilogía pone en relieve el costado humano de todos los personajes. La valentía oculta de un hobbit, la venganza de un enano, y el anhelo de ensoñación de los elfos. Problemas morales y cuestiones psicológicas de cada uno de ellos se combinan con bellísimas panorámicas de tierras lejanas que Peter Jackson bien ha sabido seleccionar. De ritmo entre cortado y predecible transcurrir, la narración avanza a golpe de batallas superadas y exhibición de los mágicos recursos que Gandalf desenvaina como salvación de último minuto.

Pero no todo es guerra y es por eso que la secuencia más destacada es cuando Bilbo y el Golum se ponen a prueba en una inteligente demostración de ingenio. Con su tierna bipolaridad, el humanoide desafía al hobbit quien ya tiene en su poder el preciado tesoro. El anillo no cobra demasiada importancia pero todo hace pensar que luego la tendrá, sobre todo cuando Gandalf a través de mudos gestos desea que Bilbo no dé a conocer al resto del grupo su posesión.

Finalmente, y en una de las escenas más hermosas de toda la cinta, asistimos al vuelo de enormes pájaros que durante su travesía nos deleitan con un bello amanecer teñido de toda la paleta de los cálidos. Altura, adrenalina y confianza, sobrevuelan junto con los enanos y el hobbit, quienes rescatados de un feroz ataque Orco, desean con todas sus fuerzas que Thorin siga con vida. El hobbit ha salido de su hoyo, Thorin va en camino para recuperar Erenor, pero los Orcos seguirán asechando y Smaug parece no haber muerto: sus restos heridos pero llenos de odio reposan sobre el oro que no le pertenece.