El gran pequeño

Crítica de Santiago Balestra - Alta Peli

Una película para chicos como las de antes.

Finalizados los ’90 y empezados los 2000’s las películas para chicos live action venían sufriendo de una enorme deficiencia narrativa y una subestimación absoluta a nivel realización hacia los espectadores destinatarios de este entretenimiento. Como si el que sus mentes no estuvieran desarrolladas fuese una excusa para no esforzarse para escribir un guion como la gente.

Hasta que aparecen películas como El gran pequeño. Una película de la cual nada esperaba, y que termino volteándome del caballo, por hacer gala de una narrativa, un aspecto visual y una honestidad hacia los pequeños que me devolvieron a esa época dorada de las películas para chicos, que lejos de ser obras maestras, tenían por lo menos productos mucho mejor armados que los que se ven en la actualidad.

Pequeño niño, no tan pequeño guión

Pepper es un niño que vive en un idílico pueblo de California. El y su padre son inseparables, hasta que llega la Segunda Guerra Mundial y este último debe ir a combatir al ejército japonés, dado a que su hermano tiene un pie plano que le impide enrolarse en el ejercito. Esto destroza al pobre Pepper, que queda a la merced de su desolada madre y su resentido hermano, un alcohólico en potencia. Las cosas cambian cuando Pepper, obligado por su hermano, le tira piedras a la casa del Señor Hashimoto, un inmigrante japonés que vive en el pueblo. Por razones obvias, el pobre chico está expuesto a un montón de odio, y el cura del pueblo, le da una lista de misiones que tiene que cumplir, con la aparente promesa de que si completa la lista, Dios hará que vuelva su padre. Entre esas obligaciones figura la de hacerse amigo de Hashimoto.

La trama de El gran pequeño está muy bien sostenida. El personaje está expuesto a conflictos físicos y morales a cada rato, dejando un importante mensaje sobre la tolerancia y los peligros del resentimiento. Por momentos, uno podría pensar que la película tiene un peligroso subtexto pro-religioso, pero tiene las suficientes agallas, convicción y fundamento de poner en jaque muchas de las preconcepciones que se tiene sobre la religión, e incluso lo hace humorísticamente.

Pero El gran pequeño consigue ser un guion de película infantil superior a la media, por la simple razón de que como todas las buenas historias, trata un tema en concreto, y no me refiero al racismo arriba mencionado. Aunque hace énfasis en esto último, la temática que moviliza al personaje es la fe. Pero no tanto la fe religiosa (al menos no exclusivamente), sino la fe en uno mismo, la necesidad de tenerla para poder superar obstáculos complejos e impensados.

Ningún análisis de esta película estaría completo sin aclarar que jamás subestima al espectador, tenga la edad que tenga. No tiene el más mínimo reparo de mostrar como la percepción infantil puede ser afectada por la turbiedad del mundo de los adultos más hondamente de lo que podemos imaginar. No le doran la píldora al protagonista, este atestigua las cosas como son. Esta es una decisión valiente en una época actual y en un género destacado por sobreproteger la inocencia. El que pueda mantener la pureza y los códigos del mismo, a pesar de lo que ha sido expuesto su protagonista es todo un logro a nivel guión.

Pequeño niño, gran propuesta visual

El gran pequeño goza de una enorme exquisitez visual en los apartados de fotografía y sobre todo en el de dirección de arte, que reproduce con un detalle milimétrico y funcional a tal extremo que nos transporta a la década del cuarenta.

En el apartado actoral, la película descansa con mucha habilidad en los hombros del joven Jakob Salvati. Quienes lo acompañan, los siempre eficientes Tom Wilkinson, como el cura del pueblo, y Emily Watson, como la madre del chico en cuestión, redefinen con mucha dignidad el término “actor de soporte”. Obviamente, tampoco podemos omitir la sentida y tierna interpretación de Cary Hiroyuki Tagawa (a quien tendrán más fresco por ser Shang Tsung de Mortal Kombat) como Hashimoto.

Conclusión

El gran pequeño es una película que en apariencia no tiene las suficientes tintas para hacerle frente a los otros hits que dominan la actual cartelera. Pero a pulso de un guión solido, una puesta en escena funcional y actuaciones de mucha altura, estoy en condiciones de decirles que si tienen el dinero, quieren llevar a los chicos al cine, y sus primeras opciones colgaron el cartel de “localidades agotadas”, tal vez quieran darle una chance a esta película. No la van a pasar mal.