Escuadrón Suicida

Crítica de Nicolás Feldmann - Proyector Fantasma

Colores y fuegos artificiales

Las comparaciones entre DC y Marvel siempre son odiosas cuando se trata únicamente de gustos personales. Está claro que ponerse a discutir sobre eso sería el equivalente a un eterno Boca/River que jamás va a tener solución. Sin embargo, lo primero que surge a simple vista cuando hablamos del incipiente universo cinematográfico DC es la imperiosa necesidad de ponerse a la par de su rival directo lo antes posible, cueste lo que cueste. Aunque esto signifique condensar la prolija planificación de más de una docena de películas en sólo tres.

Después del fiasco que resultó Batman Vs Superman: Dawn of Justice, Suicide Squad (2016) generaba otra vez una expectativa sin igual a través de la confirmación de un elenco de primer nivel, sumado a los cientos de filtraciones sobre la historia, los probables cameos y las noticias de Jared Leto regalándole cosas raras a sus compañeros. Y si encima los tráilers – uno mejor que el otro – no hacían más que prometer aún más desenfreno y locura por parte de estos villanos emblemáticos, no había dudas de que la Warner Bros. se proponía conquistar definitivamente al público esquivo y la crítica por igual. Ahora el interrogante está en saber si realmente lograron estar a la altura de las circunstancias, incluso después de enterarnos que existen seis o siete versiones finales de la película.

El film dirigido por David Ayer (End of Watch, 2012, Fury, 2014) se sitúa precisamente después del enfrentamiento entre el caballero de la noche y el hombre de acero, en un mundo con la misma preocupación de enfrentarse a fuerzas todopoderosas capaces de destruir la Tierra en un abrir y cerrar de ojos. Para evitar esto y que cualquier meta-humano de turno sea el próximo en borrarnos del mapa, el gobierno de los Estados Unidos le encomienda a la jefa de inteligencia Amanda Waller (Viola Davis) la tarea de crear un grupo de los peores criminales de Ciudad Gótica y así usarlos como carne de cañón en las misiones más peligrosas, a cambio de una reducción en sus cadenas perpetuas.

Este conjunto de inadaptados compuesto por Deathshot (Will Smith), Harley Quinn (Margot Robbie), Killer Croc (Adewale Akinnuoye-Agbaje), Diablo (Jay Hernández), Boomerang (Jai Courtney) y Slipknot (Adam Beach) será el equipo titular liderado por el militar Rick Flag (Joel Kinnaman) y su segunda al mando Katana (Karen Fukuhara) encargado de luchar contra una nueva amenaza sobrenatural de proporciones colosales. A ellos se le suman Jared Leto como una nueva encarnación del Joker más ligada al crimen organizado y Cara Delevingne bajo la dualidad de la científica June Moone, novia de Flag, y el espíritu ancestral que la posee, Enchantress.

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De todas formas, Suicide Squad es un film que se vende mejor por sus avances e imágenes promocionales que por su verdadero producto final. Varios momentos épicos se adelantaban durante la extensa campaña de marketing que precedió al estreno. Pero a pesar de suceder exactamente igual que en los tráilers, varias de estas situaciones se develan apenas pasados los primeros cuarenta minutos de la historia y tampoco de la mejor manera.

Esto se debe en gran parte a la irritable y fracturada edición de la película que hace de la historia un simple álbum de fotos. Como si hubieran tomado las mismas escenas inconexas de los anuncios publicitarios y las apilaran, una arriba de la otra, hasta cubrir las dos horas de duración. Algo que se termina traduciendo en una sumatoria de flashbacks salpicados y meta-referencias por doquier, sin ningún tipo de desarrollo argumental definido más que pasar de una secuencia de acción a otra.

Por otro lado, el ya mencionado apuro de DC por igualar el mismo recorrido de cinematográfico de Marvel hace que la narrativa se mueva a un ritmo torpe y vertiginoso, sobreentendiendo varios giros en nombre de los fans comiqueros y omitiendo la necesidad de aportar motivaciones reales a esta banda de criminales, más allá de una improbable liberación. La violencia y la alienación esperable de estos marginados en esencia quedan patentes en una conclusión que los acaba poniendo inevitablemente en el lugar de héroes. Incluso para un desquiciado como el Joker.

Y justamente hablando del Joker, esta nueva personificación de Jared Leto tampoco está a la altura de lo esperado. Esto no es culpa de Leto, quien ya ha demostrado que su método actoral es digno de reconocimiento, sino por la impronta genérica que irradia el personaje si la comparamos con el carácter anárquico del interpretado por Heath Ledger o el sello grotesco acuñado por el de Jack Nicholson. En esta versión, el Joker es simplemente un mafioso, el líder de una pandilla armada que roba bancos y regentea un strip club. Algo que en definitiva puede ser la señal identificatoria de cualquier villano, pero que no se reconoce en el arquetipo del caos con el que siempre se lo asoció.

En la misma vía aparece Harley Quinn, cumpliendo un rol casi funcional como un mero dispenser de remates. Su locura es solamente una pose artificial e ingenua, que no llega a hacer justicia con la verdadera naturaleza impredecible y desequilibrada del personaje. Sin embargo, eso no quita que dentro de esta caracterización unidimensional, Margot Robbie se las ingenie para encantar con su magnetismo y simpatía en cada una de sus intervenciones.

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Fuera de este dúo protagónico el resto del elenco corre más o menos la misma suerte, pero con la diferencia de sufrir una mayor carencia de desarrollo y profundidad. En esta cuestión se puede discutir la participación anecdótica de Jay Courtney como Boomerang, la escasísima presencia del Killer-Croc de Adewale Akinnuoye-Agbaje, la medida displicencia de Joel Kinnaman para ponerse en la piel de Rick Flag y el reduccionismo que el mismo guion ejerce sobre el personaje de Cara Delevigne a lo largo de la trama. A lo sumo se podría destacar un poco más a Jay Hernández, quien tiene sus momentos de protagonismo honroso como el piromaníaco Diablo.

No bastante, las únicas excepciones a esta regla son Will Smith y Viola Davis. Ambos personajes exponen todo el temperamento y personalidad que carecen el resto de sus compañeros de segunda línea. Este Deathshot humanizado es una mezcla entre el padre sensible de The Pursuit of Happyness (2006) con el carisma del Capitán West de Wild Wild West (1999). Es prácticamente Will Smith haciendo de sí mismo y eso es algo que sorprendentemente le queda bien al personaje. Por su parte, Viola Davis como la despiadada Amanda Waller puede que sea fácilmente de lo mejor del film. Su papel es tan intenso que logra opacar como verdadera villana a los mismos delincuentes que ella reclutó.

Suicide Squad se convierte en una decepción más dentro del intento de consolidación de DC en el cine. Toda la rebeldía y la originalidad que venía prometiendo desde su anuncio (allá por 2014) fue algo que quedo bastante desdibujado a partir de la incertidumbre de Warner, al no saber cómo encontrarle la vuelta a estos icónicos personajes. La filmación de escenas a poco tiempo del estreno y la cantidad de cortes de difusión pueden que sean la mayor prueba de esta indecisión empresarial. Sin embargo, el despliegue visual de esta producción y lo entretenida que llega a ser por momentos, son justamente las claves para que cada uno vaya a verla y pueda juzgar por sí mismo. Ahora la esperanza está en el Batman de Affleck.