El conjuro

Crítica de Facundo J. Ramos - Toma 5

En la actualidad hay un solo tipo que puede considerarse esencial y vital para el cine de terror, y es ni más ni menos que el realizador de esta película.

De la cabeza de James Wan salió la última gran saga (sobre todo en términos económicos) que dio este género (“El Juego de Miedo”), la perversa y retorcida “Dead Silence” (2007) e “Insidious” (2011), otra de esas historias de terror que parece idónea para perpetuarse en el tiempo (de hecho, tiene su secuela, próxima a estrenarse), siendo esta además la única capaz de hacerle frente a “Actividad Paranormal” debido a su temática, pero superándola ampliamente en niveles de calidad.

Pero como dije en las primeras líneas, James Wan es un tipo vital para el cine de terror en los tiempos que corren, y esto lo podemos disfrutar ahora y confirmar durante mucho tiempo, gracias a su último trabajo, el mejor de su filmografía por lejos, el cual también podría iniciar una saga de grandes niveles de calidad.

Lo primero que hay que decir es que “El Conjuro” es una excelente película de terror que asusta dentro y fuera de la sala, no quedan dudas de eso y no recomendarles su visionado sería un grave error, ya que estamos frente a esos films que marcan un antes y después en los vaivenes del género.

Mucho más en este, que es el terror, el cual siempre aprovecha modas y que seguramente beberá de todo las ideas que derramó Wan al contarnos de forma precisa, con la medida justa de todo lo que hace falta en esta clase de films (sustos, personajes interesantes, sorpresas, elementos originales y giros inesperados), una historia basada en hechos reales y bastantes perturbadores.

Me atrevo a decir que Ed y Lorraine Warren (los personajes interpretados por Patrick Wilson y Vera Farmiga) son para este género tan vitales como en su momento lo fueron para los amantes de lo fantástico los agentes Fox Mulder y Dana Scully (David Duchovny y Gillian Anderson) de la serie “Los Expedientes Secretos X”.
Son personajes que, de ser explotados y aprovechados de forma correcta, pueden contar mil y un historias sin aburrir jamás.

La diferencia, claro, es que los Warren pertenecen a la realidad y muchos de sus trabajos son más escalofriantes de los que podemos llegar a imaginar.

Para confirmar eso basta navegar un poco en internet, leer algunos de los tantos libros que se escribieron sobre ellos (personalmente recomiendo “The Demonologist :The Extraordinary Career of Ed and Lorraine Warren“, de Gerald Daniel Brittle) o ver el arranque de “El Conjuro”, donde conocemos uno de sus trabajos más emblemáticos, como lo es el de “Anabelle”, una muñeca que quita el sueño desde el momento en que sabemos su oscuro secreto.

El problema, para aquellos que no son muy fanáticos del terror, es que el “El Conjuro” no se propone asustar solamente con esta historia aterradora sino que el verdadero hilo de la trama pasa por otro caso de los Warren y es el de la familia Perron, en Rhode Island (EE.UU), el cual es una absoluta locura.

Si decimos fantasmas, posesiones demoníacas, brujas, asesinatos y metemos encima al diablo en el miedo, todo dentro de una casa que ya de por si genera miedo, estamos hablando de un delicioso producto que hará sufrir a todos los que se animen a ver esta película.

Y esto lo digo en serio: Sin importar cuán familiarizados estén con el género, todos la van a pasar mal con esta película.

Repito, por si alguno todavía no lo entendió; lo que van a ver está basado en hechos reales, lo cual no es poca cosa.
¿Y por qué digo esto? Porque Wan nunca se pasa de la raya, nunca llega al absurdo, nunca es demasiado contundente y siempre logra quedar parado en el medio de lo que puede considerarse como realidad y ficción dentro del relato.

Quedará en el espectador y en la opinión que obtenga una vez visto el film, si cree o no lo que le ofrece “El Conjuro”. Es cuestión personal creer en la veracidad de lo que a uno le cuentan. Aunque la balanza se inclina claramente hacia un solo lado al final de la película.

Por eso “El Conjuro” es sin dudas su mejor trabajo. Acá el realizador aprovecha al máximo una historia verídica, pero también logra asustar de forma certera con algunos elementos que solo los grandes exponentes del género de terror ofrecen.

Los títulos iniciales (que rinden un homenaje a “El Exorcista”, 1973), el metraje encontrado y antiguo (que recuerda y mucho a “La Masacre de Texas”, 1974), la fotografía (casi descolorida, amarga, angustiante y oscura, similar a “The Amityville Horror”, 1979) y la banda sonora compuesta por Joseph Bishara y Mark Isham, además de los efectos especiales correctísimos y cuidadísimos que hacen dudar hasta al más escéptico de todos.

No es casualidad que la película tampoco tenga escenas sangrientas, y así y todo sea apta para mayores de 16 años.

De hecho, casi no hay sangre en “El Conjuro”.
James Wan no la necesita. Solo requiere de la historia correcta, los actores idóneos, el apartado técnico necesario y el tiempo justo para hacerte pasar uno de los mejores momentos dentro de una sala de cine este año, pese a que, se trata de una película de terror que te hará saltar de la butaca más de una vez y sentir incomodo durante toda su duración.

En lo personal, estoy frente a una película que viene a desacomodar a mis dos favoritas de lo que va del año.

Para cerrar, solo resta por decir que no dejen pasar la oportunidad de reflexionar sobre esa excelente alegoría con la que cierra “El Conjuro”, la cual tiene como centro a una cajita musical y un espejo.

Cada uno ve lo que quiere ver, o simplemente no ve aquello que no quiere ver.

El terror existe. Y otras cosas también.