El camino de Santiago

Crítica de Pablo E. Arahuete - CineFreaks

La ética como estética
Lo que en un principio puede llamar a la confusión, por el título El camino de Santiago, se disipa apenas comienza este documental sobre el realizador cubano Santiago Álvarez y su cine político a partir de su creación del noticiero cinematográfico del ICAIC (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos), uno de los pilares culturales de la revolución en la isla y que sirviera para América Latina como modelo en el que la ética y la estética se dan la mano y no se sueltan hasta las últimas consecuencias.
La idea central del director Fernando Krichmar (referente del grupo Cine Insurgente) es reunir la mayor cantidad de testimonios sobre Santiago Álvarez y su impronta en el noticiero, así como su compromiso con la causa de la revolución, tanto en los momentos de apogeo como en los más críticos.
Primero con extracciones de audio, Santiago Álvarez cierra el círculo y luego con material de archivo que le dan rostro y cuerpo a esa voz, convencida e incansable frente a los diferentes cambios a lo largo de los años. También en El camino de Santiago surgen las diferencias generacionales, las contradicciones de la revolución y el proceso creativo de un homenaje a cargo de alumnos del ICAIC para traer la memoria del cineasta cubano.
Una de las ideas que encuentra en la selección de fragmentos del noticiero para dar cuenta de la labor de Santiago Álvarez y la marca indeleble de su escuela en otros directores cubanos la constituye la preocupación por la estética, no en lo que al aspecto formal de la imagen se refiere, sino en su concepto más amplio como parte de una ética al servicio exclusivo de la percepción de aquella realidad vedada por los discursos hegemónicos.
La contra información que ocupaba al público en las salas de cine es un ejemplo acabado de las pretensiones del creador de 79 primaveras -1969-, su montaje dialéctico como herramienta artesanal pero a la vez ideológica significan hoy por hoy una marca registrada de su obra y el aporte al documental, que logró superar fronteras y definió estilos una vez alcanzado su mayor esplendor.
Las pinceladas y el legado de Santiago Álvarez se construyen en cada testimonio de aquellos que trabajaron junto a él, o quienes sencillamente admiraron su ética artística, para culminar con la mirada de los jóvenes actuales, los cuales tratan de comprender el pasado desde una concepción cinematográfica y artística únicas, que rubricaba cada uno de los episodios de ese noticiero de la urgencia, un ejemplo de creación colectiva que este documental homenajea y recupera frente a las convulsiones políticas de la región.