Eclipse

Crítica de Martín Fraire - País 24

Como la novela de la tarde

No es que uno tenga demasiada experiencia en este tipo de ficciones, pero es imposible no reconocer cierto aire de show televisivo en la tercera parte de la saga Crepúsculo. Todavía cuesta creer los increíbles beneficios económicos de esta inefable saga que por momentos evoca al cine más efectista y moralista.

En Eclipse (nombre homónimo al tercer libro de Stephanie Meyer) Bella debe decidir si acepta la propuesta de matrimonio de Edward, mientras intenta negar al hombre lobo Jacob, confeso enamorado de la protagonista.

Sin demasiadas diferencias en la historia con respecto a sus antecesoras, sí hay que admitir que el cambio de director (David Slade, responsable de títulos como Hard Candy, en reemplazo de Chris Weitz, realizador de la segunda parte) resulta al menos, favorable. El desarrollo estético y visual muestra un notable crecimiento, aunque la mano de los productores se percibe demasiado e invita a imaginar una versión mucho más edulcorada de lo pensado teniendo en cuenta el prestigio de Slade.

Pero también es necesario comprender otra cuestión: Eclipse es sólo la punta del iceberg, un complemento más del engranaje. Promociones, merchandising y comida chatarra, todo forma parte de la peor cara que tiene el cine. No se trata de una postura conservadora, pero la sola idea de vampiros que brillan a la luz del día y hombres lobo con sonrisa made in publicidad de pasta dental, generan por lo menos, distancia.

No sería difícil definir a Eclipse como la mejor película de la saga –tampoco es que tenga demasiada competencia- pero ni siquiera con eso alcanza. El trío protagonista sigue sin convencer. Por suerte todavía podemos rescatar la labor de Kirsten Stewart, hoy día perfilada como una de las grandes actrices de su generación (ante cualquier duda consultar Adventureland).

Está claro que la intención de este film no es demasiado ambiciosa: generar algunas livianas sensaciones, mostrar chicos carilindos para el suspiro de las jóvenes y que al salir de la sala puedan seguir pendientes de aquello que se genere con el nombre Crepúsculo, y contar una historia que si no se puede acusar de previsible, es por lo menos obvia.

Pensando en dos futuras partes ya confirmadas, la película es un éxito de taquilla aún en su día de estreno: con adolescentes acampando en los alrededores de los cines mediante, la cinta ya recaudó 30 millones de dólares tan sólo con las funciones de pre-estreno.

Quizás aquí se presente la mayor diferencia entre lo que se denomina el gusto del crítico y lo que el público permite (discusión, por otro lado, altamente retomada) pero cuando no sólo un título, sino una saga completa –como es este caso- ofrece tan poco es necesario preguntar hacia dónde debe deslindarse la culpa.

Aún sabiendo que sus detractores seguirán atacándola y los fanáticos se mofarán sobre la cantidad de veces que puedan verla en la pantalla grande, hay algo que es cierto; a falta de fenómenos mediáticos/cinéfilos de mayor envergadura, Eclipse logra hacerse un atendible lugar entre los títulos más rentables de la temporada. Así está el cine.