Duro de cuidar

Crítica de Henry Drae - Fancinema

A SALVO DE LA INNOVACIÓN

Cada año que pasa quienes hacemos crítica nos encontramos con un nuevo desafío, no bajar mucho más la vara de la indulgencia para evaluar películas que cada vez ofrecen menos para destacarse de la fórmula original. Vivimos en una época en la que la saturación de contenidos audiovisuales es tan grande y llega por canales tan variados, que muchas veces nos da la sensación de que lo hemos visto todo y cada cosa que llega a nuestros sentidos no es más que otro refrito. Y más cuando lo que se nos ofrece en Duro de cuidar -traducción lamentable si se me permite- es la reversión de una historia que se ha filmado una y mil veces en los mayores blockbusters de los últimos tiempos, desde Arma mortal, Duro de matar 3 o 48 horas por dar algunos ejemplos. Esto no sería lo grave, de hecho las reversiones de los clásicos a veces resultan en verdaderas joyas, o al menos en intento digno de aggiornamiento de las historias conocidas por todos. Pero el mérito debería estar en la forma de narrar, en cómo esa historia que todos conocemos con pelos y señales, se nos presenta como al entretenimiento que va más allá de la sorpresa de su contenido.

El problema es que no estamos hablando de una nueva versión de Romeo y Julieta, de Rey Arturo o de Drácula, hablamos de una fórmula que fue tomando cuerpo y estilo con cada director que la utiliza y hace de su buddy movie (película de amigos/compañeros), algo personal. Y en el caso de Duro de cuidar, teniendo todos los elementos para ser algo digno (un buen casting y presupuesto más que nada) termina siendo una larga sucesión de escenas de acción y chistes poco efectivos unidos por un guión que se hace predecible a cada minuto.

El experto en seguridad caído en desgracia Michael Bryce (Ryan Reynolds) es convocado por su ex, la agente Amelia Roussel (Elodie Yung), para que se haga cargo de la custodia del mercenario a punto de testificar Darius Kincaid (Samuel Jackson) contra el dictador de Bielorrusia Vladislav Dujovich (Gary Oldman) por sus crímenes contra la humanidad. Roussel acude a Bryce cuando la mafia rusa intenta acabar con Kincaid y por eso es que ambos pistoleros, con un pasado en común y una enemistad evidente, tienen que sortear obstáculos diversos para llegar al juzgado a ofrecer testimonio.

Nada, pero absolutamente nada nuevo ofrece este argumento que uno sabe con exactitud cómo terminará, aunque este siga sin ser el problema mayor. Reynolds y Jackson son más que lábiles en su oficio y componen sin esfuerzo al par de secuaces en fuga, aunque no tienen líneas de diálogo para lucirse a pleno. Hay sólo dos situaciones en las que se puede decir que funciona el tipo de humor y el resto es tan remanido como el argumento. Por otro lado de los secundarios sólo destaca Salma Hayek, que encarna a la esposa latina fogosa y violenta de Kincaid, que tampoco es nada que no haya hecho antes, pero logra darle aún más gracia de la que tiene su personaje desde la escritura. El dictador ruso de Oldman podría haberse integrado por CGI (ya sería hora de que comiencen a darle uso para cuando los actores repiten personajes hasta el hartazgo) y no ofrece la más mínima variante, caída de jopo cuando se pone nervioso incluida. Y eso también podría aplicarse a Joaquim de Almeida, que ya debe estar medio cansado de que lo citen para hacer de traidor o corrupto enquistado en el gobierno, por bien que le paguen.

Luego está la acción, que resulta correcta en su arquitectura y fluye (salvo en las explosiones espantosas con fuego generado por computadora y que no son pocas) pero que no conecta del todo con las escenas con humor, como si la película no se decidiera a tener un tono más solemne o más paródico por momentos. Definitivamente el director no encuentra el tono adecuado y por eso mismo es que termina cansando entre tanta acción, escenas largas en flashback que resultan en un chiste soso estiradísimo como la del primer encuentro entre Roussel y Bryce, y la ausencia de sorpresas en cada giro argumental, que ante la falta de todo lo demás, molesta en cada minuto para llegar al final.

Patrick Hughes ya había dirigido Los indestructibles 3, curiosamente la más floja de la saga creada por Sylvester Stallone a pesar de su elenco que hasta logró integrar a Harrison Ford entre muchos otros, lo cual me hace pensar que este director es un gran derrochador de recursos. Y me hace pedir, además, que a pesar de lo inevitable que resulte el uso de fórmulas repetidas a discreción, los espectadores no seamos tan fáciles de descuidar.