Dunkerque

Crítica de Diego Serlin - Todo lo ve

Sin la complejidad de los universos paralelos de Interstellar, el juego de cajas chinas con los sueños en Origen o la historia al revés de Memento, Christopher Nolan incursiona en otro género y, sin perder su sello y estilo, sumerge al espectador en la desoladora experiencia que sufrieron 400.000 soldados británicos y franceses derrotados y aislados en la playa de Dunkerque al comienzo de la invasión alemana, en un capítulo poco conocido de la Segunda Guerra Mundial.

Dunkerque toma este hecho ocurrido en mayo de 1940, cuando 338 mil soldados de las tropas aliadas se encontraban rodeados en la playa francesa de Dunkerque, atrapados entre las tropas alemanas y el mar, con los buques británicos que no podían acercarse lo suficiente para una evacuación por las aguas poco profundas y mientras los aviones enemigos los bombardean. Jóvenes soldados a tan solo 40 kilómetros de su casa pero sin poder volver y a merced de la muerte o un milagro, que finalmente llego de la mano de innumerables marineros civiles que reunieron una flotilla de embarcaciones de recreo y cruzaron el Canal para evacuarlos.

Con el objetivo principal de arrojarnos al centro mismo de la evacuación de Dunkerque, Nolan estructura el relato en tres espacios y momentos diferentes - Una semana de soldados sobreviviendo, un día de un barco que surca el canal de La Mancha con la intención de rescatar a las tropas aisladas y apenas una hora de un piloto de avión al que sólo le asiste un viaje de ida-, que sutilmente se van encontrando a medida que la película avanza mientras la tensión escala sin dejar respiro hasta cruzarse en un momento exacto.

La abrumadora, precisa y enfática banda sonora -idea artística que podrá gustar o no pero nunca deja de ser coherente- a cargo de Hans Zimmer es una de las claves para que Dunkerque mantenga la tensión e incomode al espectador, recordándole permanentemente que el peligro nunca desaparece y no hay lugar seguro en la guerra, donde una mancha de aceite en el mar con un avión derribado a punto de caer se convierte en algo tan mortífero como un torpedo lanzado desde un submarino o una ráfaga de balas.

Es difícil de olvidar los minutos iniciales del desembarco de Normandía de Recatando al soldado Ryan, donde la multipremiada banda sonora de John Williams fuera clave también. Pero a diferencia de aquella, Nolan toma otro camino estético.

La estética de la violencia es sustituida por la del miedo y el suspenso en tierra, mar y aire. No hay miembros despedazados ni grandilocuencia en los discursos -no hay casi diálogos y se potencian los gestos, miradas y acciones-, no abusa de explosiones y sabe muy bien cómo integrar los efectos visuales para potenciar la historia.

El enemigo, prácticamente es una amenaza invisible pero omnipresente -solo se materializa en forma de aviones, bombas y balas-, dejando en claro que la muerte puede llegar en cualquier momento, desde cualquier lado, manteniendo en vilo al espectador.

Dunkerque no tiene actores tan reconocidos, aunque este Tom Hardy o la estrella del pop británico Harry Styles -cantante del grupo One Direction que interpreta a un joven soldado británico-, porque tampoco hay un personaje principal. Son todos protagonistas y por ello tampoco profundiza demasiado en ninguno. No pretende que nos identifiquemos con sus circunstancias personales, apenas llegamos a conocer a ninguno de ellos y las cosas que dicen son casi irrelevantes.

Nolan tienen muy en claro su objetivo, mantenernos inmersos en todo momento en el preciso trenzado de angustias, vacíos y esperanzas por las que debieron pasar en la playa esos jóvenes soldados obligados, por un lado a afrontar con honor la derrota y por otro a intentar salvar la vida como sea, dentro de las barcos que intentaron salvarlos y de las cabinas de los aviones de combate. Una sensación que tiene que ver con la supervivencia, con la simple gracia de estar vivo.