Duna

Crítica de Ignacio Dunand - El Destape

Embole intergaláctico con serios problemas de ritmo

Una vez más, la innovadora novela de ciencia ficción de Frank Herbert falla al ser adaptada al lenguaje cinematográfico y lo que logra Denis Villeneuve es un producto a medias, flojo y con marcados desniveles rítmicos.

En 1965 Frank Herbert revolucionó la literatura de ciencia ficción con el lanzamiento de Duna, una novela de aventuras épica con multitud de personajes, planetas fantásticos y escenarios alucinantes. Un universo más que tentador para el valiente que quisiese adaptarlo en lenguaje cinematográfico. Pasaron las décadas, las adaptaciones poco convincentes y la promesa de que en manos de Denis Villeneuve (Arrival, Balde Runner 2049) el desafiante material finalmente tendría una merecida redención. Lo cierto es que tras ver el resultado final, este crítico quedó un tanto desalentado. Lejos del viaje magnífico que prometía, la base de Duna se siente bastante defectuosa.

Paul (Timothée Chalamet) no es un joven común y está aprendiendo a lidiar con habilidades especiales de su madre mientras tiene sueños importantes, lo que lleva a su entorno a pensar la posibilidad de que él sea la respuesta a una vieja profecía. Por otro lado, los Harkonnen, liderados por el barón (Stellan Skarsgard) planean una sanguinolenta venganza. La trama es ambiciosa y, sin lugar a dudas, la adaptación de Denis Villeneuve es notablemente superior a las estrenadas en 1984 y 2000. Pero los logrados efectos especiales, la cinematografía y la exquisita partitura que dan vida a este mundo arenoso quedan opacados por los problemas de ritmo que arrastra la película.

Durante las 2 horas, 35 minutos de Duna hay partes que podrían recortarse, para así agilizar el relato y llevarlo a los puntos y eventos más importantes. Y pese a la larga duración, los personajes quedan desdibujados, poco establecidos en el escenario. De Paul Atreides poco se sabe, de la profecía mucho menos y los villanos apenas si cuentan con espaciadas apariciones. Las caras desconcertadas en buena parte del público no tardarán en aparecer. Si bien todavía falta una segunda parte de la historia, es necesario que el departamento de guionistas mejore el ritmo de los personajes para obtener mejores resultados.

Hay momentos apabullantes, de verdadero placer visual. Lamentablemente, son más bien escasos y prima la sensación de estar presenciando un embole intergaláctico con serios problemas narrativos.