Dixit

Crítica de Pablo E. Arahuete - CineFreaks

Un testimonio que cala hondo

Si hay algo que hay que reconocer a este documental de Alcides Chiesa y Carlos Eduardo Martínez con guión de Alejandro Montiel es haber logrado unir testimonios desgarradores de los sobrevivientes al terror de Estado acaecido entre 1976 hasta 1983, año en que se recuperó la democracia de manera definitiva con un rotundo consenso social y la impostergable búsqueda de justicia por los atropellos y atrocidades cometidas durante la dictadura militar.

Dixit apela a una dialéctica de contrastes lo suficientemente sólida para comprender el sentido y valor de la memoria y de recordar el pasado para no repetirlo en el presente, tal como lo muestra la selección meticulosa de material de archivo que refleja el tratamiento cómplice y sumiso de los medios de comunicación funcionales al régimen dictatorial para ocultar el horror de aquellos años en que se secuestraron, torturaron y asesinaron a miles de argentinos bajo el pretexto de una guerra civil que jamás existió.

Pero la fuerza de los testimonios tan crudos como despojados de especulaciones políticas se magnifica al reconocer los lugares o espacios en recorridos desde el presente para reconstruir un capítulo sangriento de la historia contemporánea argentina y con un enfoque abarcador que se extiende desde Buenos Aires con la nefasta ESMA hasta el norte más profundo con La Escuelita pasando por los centros clandestinos El Vesubio, La Perla o el Pozo Arana.

Son esos rincones a veces reacondicionados y otras desnudos los que conservan los recuerdos más terribles en sus estructuras o en sus paredes y en los que pareciera haberse detenido el tiempo como si se tratara de un segmento de un film de ciencia ficción.

En los rostros percudidos y ajados de cada testigo que valientemente expone su historia a cámara descansa el consuelo de miles que pasaron por las mismas circunstancias y otros tantos que desafortunadamente no podrán contarnos esa parte de la historia, la cual recién en esta última etapa y a casi treinta años de conseguida la democracia resuena hoy cada vez con más fuerza.

Sin embargo, más allá del valor de este documental como un testimonial necesario, que reconoce sus propios límites desde el punto de vista cinematográfico, la premisa se resignifica a partir de la figura de Jorge Julio López, secuestrado en 2006 un día antes de conocerse la sentencia por el juicio que lo contaba como principal testigo para condenar a sus torturadores.

Ese detalle que no es menor cala realmente hondo y llama a la reflexión en estos tiempos de confrontaciones ideológicas, reivindicaciones llamativas y un largo etcétera que seguramente en el futuro se termine por dilucidar.