Divergente

Crítica de Rolando Gallego - EscribiendoCine

De cuando ser diferente marca el camino

En un Chicago sin era/año específico, pero con un aura apocalíptica muy particular, los protagonistas de Divergente (Divergent, 2014), versión cinematográfica de la saga creada por Veronica Roth, verán cómo sus vidas cambian de un día para otro.

El director Neil Burger, desarrolla con más ambición que la autora, aquellas ideas que remiten a una épica Orwelliana de las sociedades totalitarias y controladoras, y que hemos visto en muchas adaptaciones de best sellers dedicados al público juvenil como Los juegos del hambre (The Hunger Games, 2012), El juego de Ender (Ender's Game, 2013) y muchas más.

En esta oportunidad la protagonista excluyente será Tris (Shailene Woodley) quien luego de realizar una prueba para pasar del mundo adolescente al adulto se dará cuenta que hay algo diferente en su ser. Esa “diferencia” le impedirá encajar en alguna de las diferentes facciones en las que la sociedad está dividida para mantener el orden y la paz (Verdad/Cordialidad/Erudición/Abnegación/Osadía) porque su personalidad encaja en cada una de los cinco estancos. Tris burlará al sistema de iniciación y terminará escogiendo a dedo integrar la facción de Osadía, a la que siempre quiso pertenecer por la “informalidad” de sus miembros. Y en esa decisión comenzarán sus problemas, porque más allá que uno pase a ser parte de un grupo específico, las pruebas por las que se debe atravesar hasta finalmente ser aceptado o rechazado serán innumerables.

En ese proceso iniciático y de aprendizaje es en donde Divergente termina convirtiéndose en uno más, de los tantos filmes dedicados a los adolescentes, en los que se quiere poner al día 1984 de Orwell ó Un mundo Feliz de Huxley. El realizador no logra hacer volar un film con actuaciones muy “armadas” que bien podría haber impactado visualmente, pero tampoco es este el caso.

En algunas afirmaciones al estilo “el futuro es de aquellos que saben a donde pertenecen” se busca fortalecer algunas ideas sobre identidad y búsqueda de la misma, pero que terminan siendo chatas y simples. Cuando por ejemplo Tris decide escoger ingresar a la facción Osadía, porque es la más rebelde, desestructurada y arriesgada de todas, uno termina por preguntarse sobre la representación del grupo, que es mostrado como salido de una publicidad de gaseosa, felices, risueños, pero que en el fondo, a la hora de ser verdaderamente “osados” son los más estructurados y miedosos de todos los grupos.

Algunas escenas de persecución, o quizás algunos momentos del entrenamiento de Tris, por parte de Cuatro (Theo James), brindan dinamismo a la narración monótona y a un ritmo que en los cuarenta minutos finales logra generar cierto climax. Hay que agradecerle a Kate Winslet el haber aceptado ser la “mala” de Divergente. En su papel de líder que intentará arrasar con todos los divergentes de la tierra, el film logra tener algo de la calidad necesaria para seguir manteniendo la atención en la pantalla.

Música incidental y escenarios ya vistos en muchas películas del estilo, marcados estereotipos y trazos gruesos para construir los personajes (malos MUY malos, buenos MUY buenos) y algunos clichés hacen que Divergente no pueda erigirse como algo diferente dentro de su género.