Dioses

Crítica de Miguel Frías - Clarín

Los que mandan

Retrato de una endogámica familia de clase alta peruana.

Dioses, del peruano Josué Méndez (1976), transmite, en un raro tono de drama con toques satíricos, el asimétrico cruce de dos clases sociales, en una sociedad con escasa clase media. Por un lado una familia de nuevos ricos. Padre y dos hijos adolescentes: casa con ambientación minimalista, junto al Pacífico, alejada de la despreciada Lima; 4x4, tarjetas de crédito para posibles abortos idóneos; Miami como representación del paraíso; mucho shopping, mucha arrogancia, algo de beneficencia lavaculpas, mucha ostentación: condición más importante que la de disfrutar del dinero.

Por otro lado, sumisas mucamas de uniforme y, sobre todo, Elisa: una veinteañera de origen humilde -que oculta con vergúenza- y de gran belleza -aunque, ay, ay, ay, de piel cobriza-, que forma pareja con el autoritario padre de la familia. El personaje de ella va sufriendo transformaciones, conscientes y no tanto, que la llevan a mimetizarse con un mundo en el que pretende entrar a cualquier precio, aunque lo intuya como asfixiante y mediocre.

En paralelo, una historia de "amor", que podría haber virado hacia lo revulsivo o lo trágico, pero que se queda -felizmente- en la representación endogámica: Diego, el machito preparado por su padre para mandar, se siente atraído sexualmente por su hermana Andrea, una chica, digamos, de vida licenciosa. Ninguno encaja en el mandato familiar. Y Diego, el que lleva el punto de vista de la historia, es temeroso y reprimido: a padre autoritario, hijo debilitado.

El filme tiene el mérito de optar por el humor antes que por el juicio a los personajes. Sin embargo, a pesar de que suene contradictorio, abusa del estereotipo y del cliché: en algunos momentos rozando la parodia, aunque también la realidad, desde luego.