Desconocido

Crítica de Beatriz Molinari - La Voz del Interior

Perdido en Berlín

Nieva sobre Berlín cuando aterriza el avión. El doctor Martin Harris y su esposa se preparan para disfrutar del Día de Acción de Gracias y el congreso de biogenética. Un descuido se convierte en drama. Harris sufre un accidente y al despertar comienza la pesadilla.

Desconocido, del catalán Jaume Collet Serra, mete al personaje en el juego de apariencias y en el laberinto de la pérdida de la propia identidad. Alguien (Aidan Quinn) ocupa su lugar en la pareja y desempaña su rol como profesional.

La película funciona como un thriller que apunta en distintas direcciones, deliberadamente, para que el espectador se encuentre tan perdido como Harris en Berlín. Liam Neeson logra un personaje dramático e intenso. Recuerda al que interpretó en Venganza (2008), en la piel del padre que busca a su hija secuestrada. Esa línea de actuación le sienta bien.
Harris, científico de prestigio, se convierte en un fugitivo. Paulatinamente, la trama va abriendo distintas posibilidades, a medida que el espectador imagina explicaciones para la odisea de ese hombre que no es reconocido ni siquiera por su esposa (January Jones).

“Una guerra entre lo que dicen que eres y lo que sabes que eres”, reflexiona Harris que a esa altura tiene un par de nuevos amigos: la ex taxista ilegal, una chica bosnia (Diane Kruger) a la que ya nada la asombra demasiado, y un ex agente de la Stasi, policía del Este, un rol clásico para Bruno Ganz que siempre resulta convincente. Con la joven por guía y varios perseguidores, Harris mete barullo en las coordenadas impecables de la ciudad de Berlín.

El director nacido en Barcelona y formado en Estados Unidos resuelve las persecuciones con las reglas de juego del cine de acción que colonizó el planeta. La cámara es hábil en multiplicar engaños y sospechas. En esas escenas molesta la utilización de la música incidental, estentórea subrayando la acción.

Desconocido es una película bien contada, con Neeson convincente en el juego psicológico y un tema que puede alimentar muchas otras ficciones, por la actualidad del planteo en cuanto a la manipulación científica sin límite.

La fábula en el umbral del futuro entretiene al espectador que sufre porque un avance revolucionario puede caer en las manos equivocadas.