Deadpool

Crítica de Diego Paz - La cuarta pared

Dueño indiscutido de la mejor campaña publicitaria de los últimos años, el mercenario mutante de Marvel Comics finalmente llegó a los cines. Pero, ¿es digno de semejante prensa, o es puro blabla?

La génesis de Deadpool es bastante particular, ya que bien podría decirse que es una película hecha gracias a los fans. Como ya te contamos hace unos meses de manera súper detallada, en plena Comic-Con 2014, "se filtró" una suerte de trailer conceptual de una película de Deadpool que, más allá de los rumores que llevaban años oyéndose, aún no era para nada firme su realización. El clip, protagonizado por Ryan Reynolds (quien fuera vinculado al proyecto desde el 2004), mostraba al personaje atacando un vehículo de matones en plena autopista. Pero lo mejor de todo era que el actor se veía como Deadpool, sonaba como Deadpool, bromeaba como Deadpool, y rompía la cuarta pared como Deadpool (una de las principales características del personaje en los cómics). Dicho de otra manera: era todo lo que no había sido la bochornosa aparición de Deadpool en X-Men Origins: Wolverine (también interpretado por Reynolds). Ante la avalancha de pulgares arriba en las redes sociales por parte de la prensa especializada y de los fans, 20th Century Fox raudamente firmó el cheque y dió luz verde para que comience la producción de la tan esperada adaptación cinematográfica del personaje creado por Rob Liefeld y Fabian Nicieza en 1991. Es por eso que decimos que el film estuvo gestionado por los fans: ¿quién sabe cuánto tiempo más hubiera pasado antes que 20th Century Fox aprobara el proyecto, si no hubiera existido semejante presión del geekdom en las redes sociales?

Desde los créditos iniciales, donde no mencionan a ninguno de los actores del elenco sino que los generalizan/estereotipan en diversos rubros (como "villano británico"), la película ya te brinda esa sensación de tranquilidad que suena en tu mente diciéndote "Estos tipos entendieron todo". "Estos tipos", por supuesto, son Rhett Reese y Paul Wernick, la misma dupla guionista de Zombieland, que -junto con la importante intervención del propio Reynolds- supieron plasmar en la pantalla grande todo lo que hace de Deadpool... bueno, Deadpool. Los incesantes latiguillos, la constante ruptura de la cuarta pared (en un momento, el personaje literalmente mueve la cámara para que no podamos ver qué sucede), la frialdad a la hora de asesinar gente y hasta los chistes subidos de tono y las puteadas; algo que, si bien en los cómics no puede hacer por un tema de censura, acá en el cine, con una calificación para Mayores de 16, utiliza con holgura.

Pero todo esto de los gags y las referencias metatextuales no funcionaría con la suma eficacia con la que lo hace, si no fuera por Ryan Reynolds. El actor, que durante años se cargó el proyecto al hombro buscando la financiación necesaria por parte de la Fox, ES Deadpool. No tengan la menor duda al respecto. A pesar de estar con la máscara colocada durante gran parte de la cinta, uno puede imaginarse a la perfección cada gesto, cada mueca realizada por Reynolds a medida que dispara un chiste detrás de otro, con un ritmo y un timing envidiables: desde Green Lantern, sus propia carrera actoral, los X-Men ausentes, y hasta Liam Neeson (!), todos son observados por la lupa sarcástica de Deadpool; no por algo su apodo en los cómics es "The merc with a mouth" (algo así como "el mercenario bocón"). Por supuesto que ante semejante cantidad de chistes, algunos no dan en el blanco o (como audiencia latinoamericana) no entendemos del todo la referencia, pero la gran gran gran mayoría de ellos te van a sacar una risa.

Respecto al resto del elenco, el círculo íntimo de Wade se compone de Vanessa (la bella Morena Baccarin, de Firefly), su amigo/barman/dealer de armas Weasel (T.J. Miller, de Silicon Valley), y su confidente y ciega roomate, Blind Al (Leslie Uggams, de la recordada serie televisiva Raíces). La química con cada uno de ellos es totalmente efectiva y convincente. Sentimos la pasión desbordada entre Wade y Vanessa (especialmente luego de ese montaje "festivo"), la camaradería sincera con Weasel (quien no duda en buscarle similitudes poco agraciadas luego de ver por primera vez su rostro desfigurado), y la confianza de entrecasa con Blind Al. Este trío secundario contribuye a que, si bien dista muchísimo de ser algo similar a un (super)héroe -como él mismo reconoce más de una vez-, podamos percibir a Wilson como alguien mucho más humano y sensible, y no como una simple máquina de matar y tirar chistes.

Pero Deadpool, como todo buen personaje actual, forma parte de un universo mucho mayor, en este caso el de los X-Men. Es por eso que cuando Colossus (en la voz de Stefan Kapicic) y Negasonic Teenage Warhead (Brianna Hildebrand) aparecen para intentar convencerlo por enésima vez de que se una al equipo del Prof. Xavier, queda bien claro que la película está firmemente plantada en la franquicia mutante (y que hace como si X-Men Origins: Wolverine jamás hubiera existido, gracias a Dios). Realmente da gusto verlo a Piotr "Peter" Rasputin, con su acento tan soviético y su naturaleza de buen pibe, haciendo algo en pantalla, a diferencia de sus pasadas intervenciones cinematográficas. Por su parte, Negasonic Teenage Warhead es una interesante adición al equipo, gracias a su personalidad de adolescente desinteresada y cuasi-emo. Ambos aportan lo suyo en el combate final sin prolongar su presencia ni volverse tediosos... además de teasernos de cómo sería ver a Deadpool luchando en equipo junto a los X-Men, claro.

La trama de la película es bastante simple y convencional, incluso para ser una "historia de origen": chico conoce chica, chico es diagnosticado con cáncer terminal, chico se somete a un dudoso experimento con la promesa de curarse, chico termina torturado y desfigurado, chico duda de reaparecer ante chica, chica es secuestrada por el malo, chico decide recuperar a su chica y, de paso, vengarse del malo. Es una película de superhéroes hecha y derecha, que por momentos transita el género romántico, el de horror, y termina en una clásica venganza. Sabiamente los realizadores optaron por arrancar el film in media res, en plena escena de acción, e ir mostrando mediante flashbacks cómo Wade Wilson se convirtió en Deadpool. A decir verdad, resulta algo molesto la forma en que los implementaron (los flashbacks no siempre están insertados en el mejor momento). Pero por suerte, promediando el relato, los recuerdos alcanzan al desarrollo presente, el recurso del flashback concluye y la acción transcurre de manera lineal hasta el desenlace.

Quizás el punto más flojo -como muchas veces sucede en el género- es el de los villanos. Es que Ajax (interpretado por Ed Skrein, de The Transporter Refueled) y Angel Dust (Gina Carano, de Fast & Furious 6) son dos antagonistas de lo más genéricos, sin mayor profundidad ni grandes motivaciones. Pero, nobleza obliga, debemos aclarar que en los cómics Deadpool tampoco posee un gran antagonista propio; sus grandes y más recordados enfrentamientos siempre fueron con los villanos de otros, como Magneto o Apocalipsis; es por eso que, aunque decepciona un poco lo chato que resultan sus enemigos cinematográficos, tampoco nos sorprende.

Por el lado de la dirección, el debutante Tim Miller plantea las escenas de acción de manera estilizada y con buen ojo, sin esconder las decapitaciones ni demás actos violentos perpetrados por nuestro particular protagonista. Es más, no sólo no las esconde, sino que nos las patea directamente a la cámara. Las coreografías de las peleas no hacen más que exaltar la agilidad y destreza física de Deadpool, quien pasa de utilizar armas de fuego a utilizar sus espadas con total naturalidad y fluidez.

También debemos mencionar la gran banda sonora, con algunas canciones que definitivamente vas a salir cantando en voz baja a la salida del cine (como "Shoop" o "X gonna give it to you"), y un par de selecciones musicales que -por lo fuera de contexto- resultan brillantes.

Entre la avalancha de películas de superhéroes que tuvimos en la última década (con un promedio de casi 5 films por año), y las que tendremos de acá al 2020, Deadpool se destaca por su originalidad (aún dentro de los parámetros del género), su metatextualidad, y su humor zarpado: sinceramente creo que me reí más viendo Deadpool que cualquier otra comedia en el 2015. Hay una escena en particular (que me recordó mucho a Alejo y Valentina), que surge totalmente de la nada y expone la demencia del personaje de manera bien definida, que te va a hacer reír a carcajadas. Los realizadores saben que le deben mucho a sus seguidores, y en cierta manera celebran esa fuerte presencia en la cultura pop, con referencias a Star Trek, Voltron e incluso Hora de Aventura. Además, la película es un claro signo de lo bien plantado y firme que está el género superheroico en Hollywood actualmente: de otra manera, un largometraje protagonizado por un personaje que sólo conocen los más geeks, con un actor principal que -aunque reconocido y popular- jamás metió un rotundo éxito de taquilla, y encima con calificación "Restringida" (algo a lo que los estudios le escapan como a la peste, porque implica una recaudación mucho menor), jamás hubiera visto la luz del proyector. Cada tanto Hollywood se acuerda de cómo era tomar algún riesgo.

(Ah, por cierto: sí, hay un esperado cameo y una escena post-créditos. Pero definitivamente ninguno es lo que se esperan... pero por eso mismo deben uno de las mejores cameos y escenas post-créditos que hayamos visto. ¡No se lo pierdan!)

VEREDICTO: 8.5 - DEMENCIALMENTE DIVERTIDA

Deadpool es una de esas películas que uno, como fanático del género y viejo lector de cómics, no puede más que prender una vela y agradecerle a la Virgen por que existan en el mercado actual. Irreverente pero totalmente respetuosa de su audiencia comiquera, violenta, creativa, con buenas escenas de acción y -en especial- absolutamente divertida de punta a punta, nos cuesta pensar un mejor debut para un personaje en la pantalla grande. Felicitaciones para Ryan Reynolds y los realizadores. Ahora sí: ¡queremos verlo junto a Wolverine!