Cosmopolis

Crítica de Pablo Raimondi - SI (Clarín.com)

Palabras capitales

El multimillonario Eric Packer habla y habla sobre la crudeza de un sistema politico-social-económico regido por la velocidad, información y existencialismo. Lo más border y jugado de David Cronenberg.

Una limusina súper sofisticada, la abstracción ante la caída de un imperio, la neurosis de un yuppie del futuro y mucho pero mucho dinero hecho información. Con pocos ingredientes, y sólo con la novela de Don LeLillo bajo el brazo, el director David Cronenberg tira de las raíces para mostrar el nervio del capitalismo más crudo. O mejor dicho, el final de él, mediante una mirada lisérgica. Sin contemplaciones.

A metros del final de la saga Crepúsculo, el actor Robert Pattinson se prueba el traje de un actor post vampírico (no contemos el traspié de Bel Ami) y muestra una de sus facetas más interesantes en la piel de Eric Packer, un joven multimillonario que se abstrae en su mundo de cristal y acero montado en varias ruedas para recorrer sus ¿últimas? agitadas 24 hs en una convulsionada Nueva York.

La bisagra que tiene esta película, también guionada por Cronenberg quien no se mueve un ápice del libro, es la línea argumental: un ametrallamiento sin piedad de diálogos que fusionan los elementos del malogrado capitalismo (existencialismo, pánico, frialdad, paranoia, etc) y que puede llegar a asfixiar -o aburrir- al inocente espectador que no leyó el libro original o su paladar cinéfilo no comulga con este tipo de films tan verborrágicos. Es aconsejable estar bien despierto (y con las antenas paradas) para no perderle pisada a las frases que Packer y sus eventuales interlocutores (novia, amantes, hacker, asesores) escupen frente al malogrado sistema político-económico-social que domina al mundo.

La locura que arrastra el protagonista, signada por la estrepitosa subida del yen, es digna de ciencia ficción como hacerse un chequeo médico ¡diario! (incluido un examen manual de próstata con un interlocutor enfrente) o verse obligado a palpar la realidad poniendo a prueba su resistencia al dolor. Sin dudas lo más rescatable de la película es el tramo final donde se cruza con Benno Levin (una gran actuación de Paul Giamatti), quien encarna a un fanático de Packer que lleva su obsesión hasta las últimas consecuencias. Y el ida y vuelta de conceptos entre ellos es más que jugoso.

Cosmópolis deja en pie a una de las más fieles adaptaciones de una obra literaria al cine, no recomendable para verla con la guardia baja. Acá hay que enfocarse y concentrarse en la pantalla porque Cronenberg no te deja pestañear con este postulado capitalista, donde entre la anarquía y desidia económica, se engendra un posible presagio de tiempos no tan lejanos.