Cincuenta sombras más oscuras

Crítica de Fernando Sandro - Alta Peli

Hace exactamente dos años se estrenaba una de las películas más taquilleras de los últimos tiempos; pero también, una que integró (casi) todas las listas de peores films de ese año. Cincuenta Sombras de Grey fue objeto de críticas despiadadas, burlas, y hasta una película paródica propia (ver nuestra review AQUÍ) … todo justificado.

Como esto es una trilogía y los números mandan es hora de la secuela, Cincuenta sombras más oscuras; y lo mejor que podíamos esperar es que suceda lo que reza esa frase de autoayuda: cuando llegaste al fondo sólo se puede subir. ¿Habíamos llegado al fondo?

El lujo es vulgaridad:
Cincuenta sombras más oscuras nos ubica tiempo después del final de su predecesora. Anastasia (Dakota Johnson) había huido despavorida cuando Christian (Jamie Dornan) le mostró su lado más oscuro de perversión sadomasoquista. Pero Christian siguió insistiendo con poseerla y no pasarán muchos minutos del inicio para que vuelvan a estar juntos.

¿Listo?, ¿terminó?, ¿asistimos a un cortometraje con final feliz?. No, porque si en Cincuenta sombras de Grey se relucía una falta casi absoluta de conflictos, parece ser que era porque los estaban guardando todos para esta entrega. A la parejita le llueven los problemas por todos los flancos, y deberán enfrentarse a ellos para poder estar juntos.

Por supuesto, al hablar de problemas nos referimos a ese tipo de conflictos que se conocen sarcásticamente como “problemas de ricos”; asuntos sentimentales, perfidias y desolaciones amorosas llevadas al extremo de parecer que nada más sucede en ese mundo perfecto construido alrededor.

Hubo un cambio de director entre las dos películas, se fue la ignota Sam Taylor-Johnson y arribó el mucho más experimentado James Foley, quien también se encargaría de la culminación de la historia ¿Qué cambios trajo esta rotación?

En primer lugar, Cincuenta sombras más oscuras pareciera estar menos centrada en los juegos sexuales de Christian y más enfocadas en los conflictos internos de los personajes, sobre todo de Anastasia, en quien se inclina la balanza esta vez.

Las escenas sexuales están cortadas, son rápidas, y montadas al estilo regular de Hollywood de mostrar lo previo y pasar a lo posterior; casi como si tuviesen que estar sin mayores pretextos. En cambio, si hay mayor tiempo para verlos a ambos con caras tristes y afrontando las dificultades que los rodean.

Esto podría haber sido favorable, hacer crecer una historia que anteriormente casi no se había desarrollado. Pero el inconveniente es que los dramas que enfrentan no se transmiten al espectador, todo es de por más superficial, inverosímil, y para colmo, resuelto de la peor manera.

Las obviedades abundan, como si no hubiese alcanzado con una Steele que se muestra como una chica de hierro, y un Grey que tiene zonas oscuras, ahora aparecen más personajes redundantes como Jack Hyde (Eric Johnson) que sí, posee un lado oculto; o un salón de belleza que regentea la mujer que le enseño las artes sadomasoquistas a Christian (Kim Basinger quizás traída al ruedo por Nueve Semanas y Media) llamado Sclava. Todo tiene que ser remarcado, subrayado, y expuestos para que lo entienda hasta quien exclusivamente ve esa escena.

Si la película apunta a un mayor crecimiento emocional, sigue faltando la progresión dramática, no hay explicaciones lógicas para el actuar de los personajes y hasta más de una vez son terriblemente contradictorios. Las cosas suceden porque el guión dice que tienen que pasar, y punto.

A favor de Foley – que supo crear un buen clima dramático en At Close Range, y dirigió un aceptable producto semi erótico como este en Perfect Stranger – y hasta del guionista Niall Leonard, los problemas parecen venir de origen, de las novelas en la que se basa. Hay diálogos que son imposibles de remontar, situaciones que nos llevan a traspasar la risa involuntaria, y esa predilección por mostrar un mundo en el que la clase media no existe. Hasta cuando quiere esforzarse y bajar a sus personajes al “mundo real” (como cuando están el supermercado o el trabajo de Anastasia como asistente de una editorial) lo hace con una total falta de competencia que sólo termina confirmando lo anterior.

Dakota Johnson y Jamie Dornan siguen sin poder transmitir ni la química entre ellos, ni el carisma de sus personajes; nuevamente ¿culpa de ellos o de lo que les toca jugar?. Como sea, no convencen. Igual suerte corren Basinger (con tres escenas telenovelescamente irrisorias), y Marcia Gay Harden, gran actriz, con mayor tiempo en pantalla esta vez, que no logra remontar a esa madre multimillonaria bien pensante.

Conclusión:
Cincuenta sombras más oscuras propone avanzar, aunque sea mínimamente, del estancamiento narrativo de la primera entrega; pero lo hace de modo tan torpe y superficial que sólo embarra los logros parciales de la sobriedad de su director. ¿Es mejor que la anterior? Sí. ¿Alcanza? No.