Cassandra

Crítica de Miguel Frías - Clarín

El viaje interior

Cassandra es una película de cruces: de géneros, de culturas, de voces narrativas, de un personaje consigo mismo. Inés de Oliveira Cézar combina ficción y documental en una historia -inspirada muy libremente en la mitología griega- sobre una joven licenciada en Letras (Agustina Muñoz) que viaja al Chaco, enviada por una revista, para escribir una crónica sobre comunidades aborígenes. En el trayecto, irá cambiando su percepción sobre el tema de investigación y sobre el abordaje de la información; como también sobre sí, sobre el sentido de sus actos.

De Oliveira Cézar, que en Extranjera y El recuento de los daños traspuso Ifigenia y Edipo Rey a la actualidad, incluye una suerte de Apolo (Alan Pauls): el editor de la periodista/Cassandra. Antes del viaje, le da órdenes disfrazadas de consejos, como que evite el uso del yo. Ella se cuestionará este enfoque: irá rompiendo, gradualmente, las imposiciones, se entregará a la subjetividad. Aunque, en otra vuelta de tuerca, él tendrá la voz narrativa de la película.

Muchos señalaron las analogías de Cassandra con Los Labios, y de hecho las hay. Pero la fusión de ficción y documental era más fluida en la película de Santiago Loza e Iván Fund. Y el espectador sentía, de un modo casi físico, la fusión de las protagonistas con el nuevo entorno.

Cassandra es más intelectual -lo que no es un demérito-, más solemne. Salvo en pasajes como el de Apolo/Pauls regalándole a la periodista un libro de Clarice Lispector, antes del viaje: “Va a servirte. Es genial, aunque no entiendo nada de lo que ella escribe”, le dice.