Carrie

Crítica de Carlos Schilling - La Voz del Interior

Sin fuego adolescente

Una de las preguntas posibles sobre la nueva versión de Carrie era si la famosa novela de terror de Stephen King se adecuaría a las prácticas sociales de los adolescentes del siglo 21. La respuesta inmediata, luego del estreno de la película, es afirmativa. Sí, sobrevive bastante bien a las redes sociales y a los teléfonos inteligentes.

El problema de la versión dirigida por Kimberley Peirce (Los muchachos no lloran) es que, salvo esa actualización un tanto obvia y algún que otro detalle del guion, no aporta demasiado ni a la historia original ni a la clásica adaptación de Brian de Palma estrenada allá por 1976. Peor aun, la novela resulta más actual en términos narrativos, porque no define su posición sobre los sucesos extraordinarios que relata sino que divide las opiniones y los puntos de vista en varios textos testimoniales, periodísticos y científicos.

Desde la perspectiva el género del terror, uno podría reclamarle a King que haya concentrado todo el horror en un clímax final en vez de disiminarlo gradualmente a lo largo de las diferentes escenas que componen su historia. Esa estructura, que de todos modos funciona en la novela, resulta fatal para la película de Peirce, a quien no sólo le cuesta muchísimo mantener la tensión y hacerla crecer paso a paso sino que carece del sentido del humor cruel que caracteriza al novelista norteamericano.

La directora está tan preocupada por el daño psicológico que tanto la madre (Julianne Moore) como las compañeras del colegio le causan a Carrie (Chloe Grace Moretz) que por momentos parece olvidarse de que se trata de una película de terror y no de un documental de concientización sobre el bullying.

Claro que todas esas fallas podrían ser toleradas -incluso el tremendo error de casting en el personaje antagonista, Chris Hargensen (interpretada por una afeada Portia Doubleday)- si el holocausto final, la gran hecatombe del baile de graduación, tuviera esa magnitud de apocalipsis que se desprende de la páginas de la novela. Un verdadero festival de sangre y de efectos especiales.

Malas noticias: hay fuego y sangre, sí, pero resultan decepcionantes, un infierno indigno de todo ese rencor adolescente del que Carrie es la portadora más activa en la imaginación popular de occidente.